Conmemorar “El día del Campesino” en el Perú es reflexionar sobre los valores andinos, sociales, históricos y humanos. Indomable, fuerte, perseverante, es el sello del hombre del campo, quien es agente de cambio en el desarrollo del país.  Es evidente la realidad de marginación y frustración que vive. Su perseverancia, su tesón y lucha en la agricultura para contribuir en la canasta familiar, hoy se siente vulnerada, porque señalan que no podrán sostener la siguiente campaña agrícola.

Desde los tiempos del incanato, la agricultura contribuye en la alimentación de millones, hoy está en graves problemas por un contexto sociocultural de crisis sanitaria, la crisis internacional y por un gobierno que la declaró en emergencia, pero sin medidas concretas para el agro, con ministros cuestionados y sin el perfil técnico para resolver esta difícil coyuntura.

Superó la amenaza de la esclavización, tuvo que pagar renta al señor feudal o terrateniente, hoy padece la competencia de la industrialización, «agribusiness». Fortalecer su condición de transformador agrario, padre de familia, hermano, hijo, madre, estudiante que aspira a una vida de calidad, es garantizar las siembras con gestión y asistencia técnica en la producción de su parcela o terreno. El gobierno debe actuar generando préstamos para fertilizantes, sembrar todo lo que se pueda, y prevenir la hambruna. Revalorar al campesino es atender sus necesidades y demandas. De lo contrario es quitar la fe y esperanza de una patria justa y libre.