Opinión

Reformas y consenso

La reforma política parece quedarse huérfana de apoyos en gran medida porque se promovió sin consensos mínimos

24 de Marzo del 2019 - 08:39 Armando Canchanya

El problema de las propuestas de reforma de la comisión Tuesta es que tendrán la trascendencia y urgencia que el Gobierno quiera y pueda darles. Al tener solo la representatividad de una comisión presidencial -al margen de su calidad-, las conclusiones correrán la suerte que las posibilidades políticas y el interés inmediato del Gobierno permitan, algo que ya quedaba claro desde su misma convocatoria.

La comisión dedicó dos meses a preparar cuatro propuestas de reforma constitucional y ocho de reforma legal, algunas de ellas novedosas y otras que el mismo Fernando Tuesta ha venido planteando desde hace buen tiempo y cuando lo he entrevistado. Se puede simpatizar o no con la no reelección; con que los congresistas no decidan la suerte de sus colegas ante apremios judiciales o con que la elección parlamentaria sea -acertadamente- en la segunda vuelta, pero son un aporte.

El Gobierno tendría que hacerlas suyas y presentarlas al Congreso. El problema es que en un caso en el referéndum hizo campaña por algo distinto a lo que la comisión plantea. Además, no se sienten seguros de si puedan arrinconar a la mayoría como en los meses pasados y con el referéndum, hoy que no es ya tan popular hablar de reforma política y cuando el interés de la gente pasa una vez más por reformas en seguridad ciudadana, empleo y reactivación económica.

La reforma política parece quedarse huérfana de apoyos en gran medida porque se promovió sin consensos mínimos, sin comprometer a los involucrados, poniendo en riesgo su debate y su aprobación. No sorprende por eso que se vea ahora al presidente del Congreso anunciando su propia comisión y sus propios tiempos, al mismo Gobierno sin precisiones sobre el camino a seguir y a los partidos igual.

Las reformas responsables deben ser consecuencia de un consenso en su necesidad y urgencia. Y aunque hoy el camino parece más complejo, no debe abandonarse. El Gobierno tiene la oportunidad de mostrar en su segundo año que el compromiso con las reformas es permanente, independientemente de lo que digan las calles, y que la comisión no se formó para la armería. Es una oportunidad de mostrar que el objetivo no es mantenerse sino hacer y reformar. Esa debe ser la lectura del apoyo que la gente aún le brinda.

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