Opinión

Remedios contra el mal

COLUMNA: JAVIER DEL RÍO ALBA

12 de Marzo del 2018 - 07:00 Javier del Río Alba

Como decíamos la semana pasada, el mensaje del papa Francisco para esta Cuaresma nos recuerda que la maldad está aumentando en el mundo. Con ella, dice también el Papa, surge el rechazo a Dios y la violencia contra aquellos que pasan a ser considerados una amenaza: el niño por nacer, los ancianos y los enfermos, los migrantes y, en síntesis, todas aquellas personas que no responden a nuestras expectativas. Igualmente, surge la desconfianza, el pesimismo, la tentación de aislarse y “la mentalidad mundana que induce a ocuparse solo de lo aparente”. En síntesis, el hombre entra en una espiral de muerte, ante la cual el Papa nos exhorta a aprovechar los remedios que la Iglesia nos ofrece contra el mal: la oración, el ayuno y la limosna.

La oración, decía el papa Benedicto XVI, al hacer posible que descubramos las mentiras con las que el mundo nos engaña, nos lleva a buscar la ayuda y el consuelo de Dios, que es nuestro Padre y desea lo mejor para nosotros (cfr. SS, 33). La limosna, dice Francisco, “nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano”; y el ayuno “nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, e inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre”.

Así pues, oración, ayuno y limosna son los medios que el papa Francisco, en consonancia con la experiencia multisecular de la Iglesia, nos propone como remedios para nuestros males y los males que afligen al mundo. En unión con él, quisiera también invitarlos a aprovechar estos medios, de modo especial en este tiempo de Cuaresma, de modo que nos preparemos bien para la Pascua y, así, podamos vivir la Semana Santa no solo como un recuerdo de lo que sucedió hace casi dos mil años sino como una experiencia concreta de Dios que nos salva del pecado y de la muerte en el hoy de nuestra historia.

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