Opinión

RESPETO, PALABRA MÁGICA

Columna: JOHNNY PADILLA

22 de Octubre del 2017 - 10:25 Johnny Padilla

Hace una semana, en Los Ángeles, el popular actor de telenovelas mexicano Eduardo Yáñez, ante una pregunta que él consideró ofensiva, le estampó una fuerte cachetada a un reportero de la cadena Univisión, corresponsal del programa de espectáculos El gordo y la flaca. A los pocos minutos, las imágenes se hicieron virales, se convirtieron en tendencia en las redes sociales y, por supuesto, las opiniones a favor y en contra de los involucrados no se hicieron esperar. El reportero acudió luego a las autoridades policiales para denunciar el hecho y el actor no se pronunció al respecto. Hasta hace un par de días, cuando ofreció una entrevista al mismo programa que generó el incidente. El artista se disculpó con el periodista por su violenta respuesta y terminó diciendo: Tengo que irme por un tiempo, tengo que ir a mi país, y con la gente que me quiere, con la gente que me conoce bien. Quiero reflexionar sobre mí, sobre esto, quizá buscar ayuda profesional, y empezar de nuevo, porque soy un ser humano y cometo errores. Admitir cuando uno se equivoca engrandece, y mucho más hacer un mea culpa y prometer corregirse. Llevar la violencia a esferas donde debe prevalecer el entretenimiento es algo que no se debe tolerar. Pero ya que el artista admitió su exceso, ¿se atreverían los periodistas que cubren este tipo de informaciones también a admitir que los cometen?

Pues habría que hacerlo, es necesario, porque en una sociedad civilizada hay reglas de convivencia y el respeto mutuo es una de ellas, quizás el más importante. Pero no nos hagamos los locos, por aquí también tenemos lo nuestro, y no necesitamos viajar hasta Los Ángeles para saber que por estos lares hay muchos desatinos que generan algunos reporteros de televisión especializados en farándula, y no vamos a hacer espíritu de cuerpo. No es lo mismo enfrentar a políticos y autoridades que deben responder por sus actos a una prensa que debe ser incisiva, cuestionadora y hasta a veces dura, que salir micrófono en mano a buscar a personajes del espectáculo que tienen todo el derecho de decidir si te cuentan su vida privada o no. Los periodistas llegamos hasta donde nos lo permiten y allí debemos marcar el límite. Nadie, ni la modelo de reality, el cantante de moda o el polémico conductor están obligados a respondernos lo que nos da la gana, entendámoslo de una vez. Si exigimos que los artistas respeten nuestro trabajo, empecemos también por respetar al otro. ¿Es algo tan difícil? 

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