Opinión

Riesgos adicionales

Columna: LUIS ALFONSO MOREY

07 de Diciembre del 2017 - 07:00 Luis Alfonso Morey

La prisión dictada por el juez Concepción Carhuancho a los señores José Graña, Fernando Camet, José Castillo y Hernando Graña, y el arresto domiciliario a Gonzalo Ferraro ha causado una conmoción en el mundo corporativo.

Puede uno estar en desacuerdo con la sentencia, pero existen ya varios casos de gente rica, importante y poderosa que se ha burlado de nuestro sistema de justicia, ha entorpecido las investigaciones y se ha escapado. Basta recordar el caso del expresidente de Capeco y exvicepresidente de la Confiep, Lelio Balarezo, o el del presidente del Club Regatas. Gracias a ellos una sentencia como la emitida tiene sentido.

La corrupción nunca antes había sido abordada de este modo ni se había tocado a gente social, económica y mediáticamente tan blindada. Normalmente en el Perú se castiga al corrupto de poca monta, no al poderoso. Eso parece haber cambiado.

Es muy decepcionante ver a la élite empresarial peruana tan embarrada pero parece no existir un mea culpa por haber tolerado una situación que era un secreto a voces. Tal vez porque muchos se sienten tan corruptos como los involucrados en este caso.

Buena parte del viejo empresariado es inescrupuloso y mercantilista. Es una vergüenza ver lo tibios que son algunos líderes que hoy guardan un silencio porque se toca al mundo corporativo.

Este parece ser el hilo de la madeja de la enorme corrupción que campea en el Perú en todos los sectores y respecto de la cual no se hace nada.

Ojalá que todo este episodio sirva para que se produzca un verdadero cambio.

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