Opinión

Riesling mit ceviche: un matrimonio perfecto

Reunión en Weisbaden, Alemania, de periodistas, influenciadores y sumilleres.

03 de Mayo del 2015 - 12:22 Javier Masías

Desde Mosela, Alemanía, Javier Masías @omnivorusq

En una habitación palaciega han montado un piano bar en el que se entonan viejas canciones alemanas de los años cincuenta. Al lado, en un salón que parece salido de Versalles, un centenar de parejas baila swing al ritmo de un big band. Más allá, en un espacio más pequeño, un DJ hilvana una secuencia de bits que van desde la era disco hasta los hits del momento. En la entrada, una escultura de césped encarna la vieja expresión del “elefante en medio del salón” dando, de paso, un pretexto perfecto para romper el hielo entre desconocidos que conversan en más de diez idiomas. Hasta ahí conduce la alfombra roja a los asistentes que cruzan el pórtico neoclásico de ingreso del Kurhaus, el casino en el que se aceptan las apuestas más altas de toda Alemania, que antes fuera un aristocrático spa que atendió a los nobles rusos exiliados después de la revolución de octubre. La consigna parece ser recrear un tema en cada habitación, a pesar de que el lugar ya dice mucho por sí solo. ¿El pretexto de la noche? Celebrar el vino alemán que se sirve por todo este palacio en algunas de sus expresiones más interesantes en una velada que se llama Ball des Weins. Algo así solo sería posible en Weisbaden, una de las ciudades más ricas del país con un millonario cada 270 personas. Hasta aquí ha llegado una delegación peruana de periodistas, influenciadores y principalmente sumilleres que, gracias a los buenos oficios de Greg Smith, director de vino del restaurante Central, ha sido invitada a una serie de eventos. Entre los participantes destacan los sumilleres de La Gloria, Central, Ik, Maido y Wong, además del presidente de la Unión Peruana de Sommeliers. Si uno le pregunta a Smith el motivo de su gestión, responde: “Quería que mis amigos peruanos conocieran a mis amigos alemanes”. Pero si uno lo escucha cuando habla con un grupo de sumilleres de diversa procedencia -entre un puñado de atentos nórdicos reconocí a Ida Rae de Le Bernardin-, se hace una idea aún más profunda: “La cocina peruana habla del origen, del valor de lo natural, del respeto del producto y de la poca intervención del hombre para comunicar con transparencia. El vino alemán cuenta en otro idioma la misma historia”.

Un mundo por descubrir. Tiene razón. O al menos esa es la impresión que nos queda después de experimentar durante los días siguientes una inmersión profunda en las bases y naturalezas del vino de ese país. Visitaremos, por ejemplo, viñedos de Mosela de fama mundial, en los que nos recibirán figuras legendarias como el Dr. Loosen, S.A. Prüm y Annegret Reh-Gartner, todos propietarios de bodegas igualmente icónicas, algunas de las cuales se distribuyen o distribuirán pronto en el Perú -el simpático señor Prüm me comentará después de una cata, que hacía tiempo que no se organizaba algo tan especial como lo que nos había tocado experimentar-. Probaremos durante tres días los mejores ejemplares de la Weinbörse en Mainz, la feria de vinos más importante de Alemania, organizada por la Die Prädikatsweingüter o VDP (la organización más exigente y de mayor reconocimiento internacional para la elaboración de vino en Alemania). Como si no fuera suficiente, nuestro guía será Bernd Kreis, campeón europeo de sumillería de 1993, quien escogerá para nuestra evaluación y disfrute el 10% superior entre las 1358 etiquetas presentadas. Será precisamente Kreis quien confirmará algo que hemos estado conversando los miembros del grupo: es posible que el vino alemán sea la opción más segura para maridar con la comida peruana. Kreis fue el primero en publicar una referencia de maridaje de ceviche en lengua alemana en su libro -“¿Qué es ceviche?”, le preguntaron sus editores entonces. “La siguiente moda mundial”, les respondió, sugiriendo para el plato más emblemático de nuestro país el riesling Kabinet, una opción segura con estructura y dulzura suficiente para tolerar el picante y la acidez. Así que olvide los disparates a los que nos han estado malacostumbrando en Lima y prepárese para disfrutar como es debido.

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