El candidato a la presidencia Roberto Sánchez, mencionó en una entrevista “que no es comunista,” sino que tiene formación en Teología de la Liberación, que ha sido seminarista, y que cree firmemente en Dios. Movidos especialmente por el deseo de desentrañar ese tipo de teología, que busca politizar el Evangelio, indagamos en el documento más importante de la Iglesia Católica, que examina la Teología de la Liberación y que da un juicio extremadamente severo sobre este movimiento pastoral y teológico, cuyo representante más encumbrado es el sacerdote dominico Gustavo Gutiérrez, autor de Teología de la liberación: perspectivas (1971). El documento en mención fue publicado en 1984 por la Congregación para la Doctrina de la Fe, “Instrucción sobre algunos aspectos de la teología de la liberación”, bajo la dirección del cardenal Joseph Ratzinger. Lo interesante es que esta teología incorpora el análisis marxista, y acepta la teoría de la lucha de clases, convirtiendo la categoría de “proletario” a “pobre”, y de “burgués” a “opresor”. Para los teólogos de la liberación, la estructura fundamental de la historia está marcada por la lucha de clases. Esta ley, de raíz marxista, es incompatible con la visión cristiana, ya que convierte a dos clases sociales en enemigas que se combaten ferozmente, convirtiendo a los “pobres” en derrocadores de los “opresores” por vías violentas y revolucionarias. Además, dice el documento, que “no se puede integrar a una teología, cuyo criterio de interpretación depende de una concepción atea, que desconoce la naturaleza de la persona humana, y termina subordinándola a la colectividad”. En el fondo, Sánchez adopta el esquema de interpretación marxista.
SÁNCHEZ, EL SEMINARISTA, columna de Alejandro Martorell
Licenciado en Ciencia Política.