Opinión

Santo de mi devoción

COLUMNA: Francisco Cohello Puente

08 de Agosto del 2018 - 07:00 Francisco Cohello

El audio de César San Martín solicitando favores al inmundo Walter Ríos ha desnudado varios aspectos soterrados y latentes que la esfera pública,

las redes sociales y el establishment escondían con hipócrita esmero. Muchas de las voces indignadas de siempre prefirieron el silencio sepulcral, la indolencia o la justificación piadosa porque se trataba de una hermana enferma o un trámite menor. Lo era también el pedido de César Hinostroza a Pedro Chávarry, pero el fiscal supremo sí fue sometido a un justificado vendaval de cuestionamientos y diatribas, y hasta se consideró que no debería asumir el cargo de fiscal de la Nación. La verdad es que las defensas esgrimidas tienen un barniz ideológico y no valen para un juez que emitió una dudosa sentencia sobre el caso Barrios Altos y La Cantuta apelando a la aberrante figura de la autoría mediata; que archivó la investigación a OH por el caso Madre Mía y que falló dos veces a favor del BCP cuando aún era apoderado de ese banco. San Martín, igual que el resto, debe ser investigado. Se debe determinar si cometió tráfico de influencias, si debe ser acusado constitucionalmente y si debe continuar en la Corte Suprema de Justicia. Todo ello, digámoslo claramente, debe valer para todos los supremos que sazonan este sancochado de audios maledicentemente seleccionados. Un frío comunicado de disculpas públicas es insuficiente y una señal de soberbia, la percepción de que el juez considera que su acto es solo “una cojudez”. Más allá de eso, el audio confirma la idea de que CSM solo es un juez sobrevalorado, que tuvo que consultar al extranjero una premeditada sentencia a AFF, y carece del nivel jurídico y la autoridad moral que injustamente le atribuyen. 

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