Opinión

SE FUE EL GENIO AUGUSTO POLO CAMPOS

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

19 de Enero del 2018 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Augusto Polo Campos, el más grande entre los grandes, el mayor genio entre los genios, ha partido. Todos los dignísimos artistas vivos y los célebres ya fallecidos, cuando vivían, sabían que Augusto estaba en el más alto sitial de nuestra cultura contemporánea. El máximo recinto de la gloria siempre le perteneció. Nadie pudo ni quiso competir con el don que Dios le dio. De excepcional imaginación, sus versos con sus rimas consonantes, entonces, lo hicieron inmortal. Tenía que ser ayacuchano (Puquio), linda y mágica tierra de nuestros Andes del sur, donde nació en 1932 cuando gobernaba el Perú, Luis Sánchez Cerro, que fuera asesinado un año después en el entonces hipódromo de Santa Beatriz (hoy Campo de Marte). Admirarlo como el gran criollo de nuestra música es insuficiente. Polo Campos tuvo otros ámbitos. Fue el más inclusivo de nuestros compositores, pues su enorme legado fue inspirado en el Perú desde todos sus rincones. La patria fue todo para él y sus canciones “Contigo Perú” y “Y se llama Perú”, desde el instante en que las creó, son también himnos del Perú. Selló en el imaginario de todos los peruanos el nacionalismo que nunca tuvimos. Augusto fue y será el mayor peruano de exportación. Nuestra cultura llegó con su letra a todas partes del planeta. Los famosos nacionales y extranjeros se rindieron a ella y hasta para mantener su fama, la cantaron como letanía.

Augusto fue enamorador y enamoradizo, valiente y contestatario, controvertido y sensible. Muchísimo más amado que odiado. Mujeriego intrínseco y bohemio, siempre mortal en sus pasiones, Augusto era el más humano e imperfecto entre sus coetáneos y a cada paso, jamás ocultó sus virtudes y sus defectos, pero sobre todo fue humano en su actitud, siempre pegado a lo justo, por eso defendió a morir a su amigo entrañable, el otro Augusto, el recordado y exitoso Ferrando. Respetó a las mujeres de cada momento de su vida y amó perdidamente a los hijos que con ellas tuvo. Por algún designio, Augusto nos dejó en la víspera del aniversario de Lima y es velado mientras Francisco nos visita. Deberá declararse Duelo Nacional por su fallecimiento. 

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