Mientras las cifras de la criminalidad siguen en ascenso, Keiko Fujimori baja en las encuestas. El Gobierno enfrenta una realidad que ningún discurso puede maquillar: la inseguridad continúa golpeando al país y la promesa de recuperar el orden todavía no se convierte en resultados visibles.
La presidenta lo sabe. Por eso, el último fin de semana en Lima, lanzó un mensaje contundente: “En el Perú no habrá territorio con miedo” y anunció que su Gobierno tomará “fuertes decisiones” para restablecer el orden y la paz.
Días después en Estados Unidos, en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas. la mandataria calificó de “grupos terroristas” a bandas criminales y aseguró que los enfrentará como “enemigos del Estado”.
Ahora corresponde saber cuándo, cómo y con qué resultados se ejecutarán esas medidas.
Las palabras fuertes deben convertirse en decisiones fuertes. No basta con anunciar operativos, declarar estados de emergencia o sacar a las Fuerzas Armadas a las calles. Se necesita inteligencia policial, investigación criminal, control de las cárceles, coordinación efectiva con el Ministerio Público y el Poder Judicial, persecución financiera de las organizaciones criminales y una estrategia sostenida contra la extorsión y el sicariato.
La presidenta todavía está a tiempo de cambiar la percepción de que las promesas se están degradando frente a la realidad. Pero para eso necesita pasar del anuncio a la ejecución. El país no necesita una presidenta que solamente diga que habrá orden; necesita un Estado que haga sentir que el orden ha vuelto.