Opinión

SEBASTIÁN PIÑERA, EL PRESIDENTE QUE SABE MENTIR

Columna del internacionalista Miguel Ángel Mackay

19 de Noviembre del 2017 - 07:38 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Con la amenaza de un importante ausentismo en un proceso electoral apático, aunado al voto voluntario, está cantado que hoy Sebastián Piñera aplastará a los otros 7 candidatos y se convertirá otra vez en presidente. Esperaría la segunda vuelta para serlo formalmente. El desgaste de Michelle Bachelet -quien jamás pudo recuperarse de la factura endosada por su hijo y su nuera, acusados de corrupción- colabora con el retorno al poder del tercer chileno más rico del país. Piñera es el presidente de la derrota. A poco del final de su mandato (2010-2014), la Corte Internacional de Justicia sentenció la victoria peruana en la controversia jurídica de delimitación marítima. Hubiera pagado alto precio para no ser inquilino del Palacio de La Moneda en el momento del fallo, pero le tocó. Para maquillar la afrenta histórica, recurrió al recurso recurrente de la diplomacia chilena: la doctrina del invento. Contrariamente a la Corte, que sostuvo “(…) que el límite marítimo entre las Partes empieza en la intersección del paralelo de latitud que pasa por el Hito N° 1 con la línea de baja marea (…)”, Piñera, sin importarle el valor de la verdad, mintió señalando que “(…) el veredicto limítrofe en el mar ratifica el derecho chileno de su dominio sobre el triángulo terrestre (…)”. Ninguna autoridad peruana lo rebatió. Piñera, ya como expresidente, vino a Lima y lo reiteró en nuestras narices. Tampoco fue enmendado. Lo vi y lo escuché en la Cámara de Comercio de Lima. Su brillante alocución sobre prospectiva económica para Perú y Chile fue aplaudida por un auditorio abarrotado, pero otra vez nadie lo pechó y eso estuvo muy mal; porque hay que tener decencia y honor. Piñera gobernará contando una relación bilateral judicializada con Bolivia y le tocará recibir el fallo de la Corte en el juicio incoado por La Paz. Podría “hacer bica” al recepcionar otra derrota en La Haya. Sin duda, los dos juicios con Bolivia requieren oxigenación; por esa razón, esta vez camuflará deliberadamente y por algún tiempo el asunto del triángulo terrestre hasta que lo vuelva a ver políticamente rentable.

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