Opinión

SEBASTIÁN PIÑERA Y LA IDIOSINCRASIA DE LA VICTORIA

Miguel Ángel Rodríguez Mackay

11 de Agosto del 2019 - 07:48 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Sebastián Piñera, presidente de Chile, llegó al Perú para participar hoy en la clausura de los Juegos Panamericanos Lima 2019, en que recibirá la posta para la organización de la competencia en el 2023. Sus declaraciones —nos felicitó— han sido destacadas por la prensa peruana en su primera parte: “… Nos deja (Perú) la barrera muy alta…”. Los organizadores tienen sobradas razones para sacar pecho, pues hubo muchas piedras en el camino —se corrió el riesgo de que terminaran politizados— y me parecieron unos Panamericanos muy bien trabajados, destacando el esfuerzo de nuestros atletas, además de la espectacular inauguración que todos aplaudimos. Pero lo que poco se ha destacado de las palabras del mandatario mapocho ha sido que, con tono firme y seguro, añadiera: “… y quiero decirle a mis compatriotas que lo vamos a superar (a Perú)”. Las expresiones de Piñera, que deben leerse como sanas y de buena fe, de manera incontrastable confirman la idiosincrasia del pueblo chileno, es decir, de sentirse siempre ganadores, sin espacio para el “así nomás”, “como sea” u “ojalá”, tan compenetrados en la idea de la derrota entre los peruanos. La versión 2018 del Estudio Nacional de Transparencia realizado por el Consejo para la Transparencia (CPLT), en Santiago, reconoce al concepto “winner” o “ganador” como asociado históricamente a la idiosincrasia chilena. Este parámetro, que ya ha sido trabajado sociológicamente en Chile, explica por qué sus habitantes no aceptan fácilmente una derrota —ya vimos cuánto les costó asimilar la goleada ante Perú en la reciente Copa América— y quieren ser siempre los primeros y los mejores. Esto último no me parece malo. El conformismo histórico y la desidia fueron la perfecta ecuación para no erradicar nuestra cultura de la derrota. El expansionismo chileno, primero geopolítico (siglo XIX) y ahora económico, no es su problema, sino su virtud prospectiva. Teniendo el Perú inobjetablemente más historia que Chile, no hacemos nada para salir de nuestro entrampamiento lleno de fracturas, como las que hoy estamos viendo en el sur del país. Para liberarnos, elevar el ego nacional y cultivar la idiosincrasia de la victoria, invirtamos en una verdadera revolución educativa, donde el 10% u 11% del presupuesto nacional sea destinado a la formación de los peruanos.

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