Tres palabras no parecen haber calado, en su debida magnitud, en el gobierno, con respecto a la inseguridad ciudadana: Sentido de urgencia.
No se trata de pedirle a un nuevo régimen que va camino a cumplir 22 días que las cifras demoledoras que registra el Sinadef sobre muertes por homicidio muestren un descenso o que no aparezca un nuevo chofer acribillado o que se capturen cinco bandas extorsivas por día. Sería una locura que esas exigencias tuvieran lógica pero sí es hora de solicitarle que muestre un plan, la estructura del esquema que irá derrumbando, poco a poco, el impenetrable muro delincuencial armado con el concreto de un Estado gangsteril.
Porque, para empezar, el Gobierno ni siquiera tiene claro cuán penetradas están la Policía y los órganos de justicia por el crimen. Por lo tanto, no tienen una estrategia de fumigación. Y eso es grave.
Es cierto que el fenómeno El Niño es una prioridad y su magnitud desafiante merece toda la atención del Estado, pero en esa misma dimensión debe abordarse, con urgencia, la inseguridad ciudadana. Porque si El Niño traerá muerte y destrucción, el crimen viene matando hace buen tiempo ante la pasividad de un Estado cómplice o genuflexo que un nuevo gobierno elegido en las urnas no se puede permitir.
La incapacidad de Dina Boluarte, José Jerí y José María Balcázar no puede repetirse con fórmulas insulsas como colocar a las FF.AA. en calles o buses. En tres o cuatro meses El Niño nos va a arrasar y hay que anticiparse, pero para el huaico criminal que ya nos arrastra, la reacción categórica del Gobierno no existe. La urgencia es para ayer señora Keiko porque hoy habrá otro muerto.
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