Opinión

Sí, le creo a Vanessa Terkes

COLUMNA: Francisco Cohello Puente

12 de Junio del 2019 - 07:00 Francisco Cohello

Le creo a Vanessa Terkes. Siento que las lágrimas que expulsa no descienden de sus mejillas sino de un torrente de desdichas y frustraciones. La siento una víctima ancestral de algo que va más allá del machismo y que está más cerca de la miseria espiritual, de la monstruosa y furtiva personalidad que esconden los seres humanos más abyectos. Desde una supuesta superioridad intelectual, económica o racial, ha sido vilipendiada, arrojada al pozo de la humillación, eructada en el rostro. Ha sido cosificada, denigrada, introducida en el oscuro clóset de la subordinación y el servilismo en el que sobreviven miles, millones de mujeres en el Perú. Pese a su edad, su estrato social, su brillo mediático, en su complejo circuito neuronal, una mezcla de amor y paciencia dejó a Terkes inerme, sin armas para repeler la abusiva emboscada psicológica que la avasallaba. Sí, es una víctima, repito, de algo más que siglos de afrentas, de algo adicional a ancestrales formas de patriarcado. Porque para que existan las Terkes que pululan por este lado del mundo, hay miles de Georges Forsyths en esta tierra de malandrines. Terkes, además, nos ha hecho un favor. Ha desenmascarado a Forsyth. Lo ha dibujado como un arribista más en una familia de arribistas intrínsecos, como parte de un grupúsculo al que se le cayó el plan (yo también lo creí) de la justicia social y la lucha contra el crimen, y donde La Victoria era apenas un sucio paradero de su carroñera ruta hacia el 2021. Sí, como a Lorena Álvarez, le creo a Terkes, a su sufrimiento, a sus citas con el psiquiatra, a la urgente necesidad de refundar su vida y de rescatar su existencia de las trampas del poder y los inagotables atropellos del machismo.

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