Opinión

Sigue el drama de los migrantes venezolanos

La decisión debe ser medida únicamente en el tamaño de asunto de Estado para ordenar los ingresos en el país, siempre fundada en el criterio de seguridad

25 de Agosto del 2018 - 07:32 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

A las 00.00 horas de hoy, entró en vigencia la exigencia de la presentación del pasaporte para el ingreso de los hermanos venezolanos en el territorio nacional. La medida correctiva adoptada por el Estado peruano -a la luz del complejísimo problema migratorio que se estaba yendo de las manos al país por la evidente ausencia de una política migratoria heredada del Gobierno de Pedro Pablo Kuczynski- no puede ser vista como insensible o indiferente por la opinión pública nacional o internacional. No obstante, está sirviendo como inmejorable contexto a los promotores de los derechos humanos para exacerbar en su oportunismo una carga de señalamientos al Estado, o a los xenófobos que buscan pegarse a la medida para desnaturalizarla al despreciar a los extranjeros, por el solo hecho de serlos. La vil manipulación del complejo asunto en estas últimas horas, entonces, resulta imperdonable. En efecto, hay quienes no desaprovechan la ocasión para darle un contexto bíblico, como aquel que dice: “Maldito quien defrauda de sus derechos al emigrante…” (Deuteronomio 27,19), a fin de enrostrarle al Estado haber determinado la exigencia de nuevos requisitos para ingresar en el Perú como estamos viendo en la zona de la frontera con Ecuador; también los que quieren imputarle al peruano su rápido olvido de las épocas difíciles que vivió por el terrorismo y la gravísima crisis económica de los años 80, recordándole el libro del Éxodo 23, 9: “Conocéis la suerte del emigrante, porque emigrantes fuisteis vosotros en Egipto”; y finalmente, los que incorporan un elemento trágico al recordarnos una inexorable condena apocalíptica: “(…) Las migraciones pueden ser como una llamada y prefiguración del encuentro final de toda la humanidad con Dios y en Dios”. Actuemos con responsabilidad. La decisión debe ser medida únicamente en el tamaño de asunto de Estado para ordenar los ingresos en el país, siempre fundada en el criterio de seguridad que la referida opinión pública suele recordar al Gobierno cuando cobran primeras planas en los medios los asaltos por venezolanos. Políticas públicas para atenderlos mejor y veamos su drama como problema regional.

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