Tras cuatro intentos para conseguir la presidencia, Keiko Fujimori vendió la imagen de estar preparada y tener el equipo adecuado para combatir la inseguridad y enfrentar el fenómeno El Niño con supuesta capacidad. A casi dos meses de su juramentación, transmite más dudas que certezas y la opinión popular empieza a señalar que “no sabe gobernar”.
Las encuestas sobre su gobierno solo expresan esta situación. En agosto aún era aprobada por los encuestados y en setiembre la desaprobación resulta superior. No ha recibido en ningún momento de la llamada “luna de miel”. Los problemas del país no dan para ello.
Las discrepancias públicas entre los ministros de Cultura y Justicia por el Lugar de la Memoria (LUM), y la renuncia del ministro de Transportes y Comunicaciones, Rafael Rey, por “razones de salud”, no solo muestran conflictos con posibles aliados, sino la incoherencia política de un gabinete armado con prisa y sin capacidad.
.Es conocida la corrupción policial y militar, pero ya terminan siendo motivo de escarnio público al atribuirse la detención de los asesinos de Trujillo o, el indignante ocultamiento de situaciones de acoso y violencia en colegios dirigidos por la propia Marina de Guerra.
Este gobierno debe decidir entre apresurar el enfrentamiento, como dijera Martha Chávez, o sentarse a dialogar lo indispensable para gobernar. Si no recibirá facultades legislativas, ya debiera haber presentados los proyectos indispensables. No hacerlo demuestra debilidad e incompetencia.
Las condiciones de crisis del país exigen soluciones. De no hacerlo, avanzaríamos rápidamente a nuevas y mayores confrontaciones.
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