Opinión

“Sin políticos no hay corrupción”

Columna: Jorge Esteves Alfaro

07 de Noviembre del 2017 - 07:30 Jorge Esteves

“Hacé historia. Votá al primer presidente negro de la Argentina. Obaca 2015” y “Votá en negro. Obaca 2015”, fueron dos de los mensajes de miles de afiches que aparecieron en las calles de Buenos Aires y las principales ciudades de Argentina en la campaña electoral de hace dos años en ese país.

Omar Obaca era la sensación. Sus propuestas tuvieron un millón de reproducciones y fueron compartidas todos los días en las redes sociales. “La corrupción conmigo se las va a ver negras”, decía. “Ganaré la mitad del sueldo de presidente y se irán todos los políticos. Mil 200 políticos a la calle. Sin políticos no hay corrupción”, agregaba.

Ante la inseguridad ciudadana también tenía soluciones. “Si soy presidente repartiré 35 millones de uniformes policiales. Todos los adultos estarán obligados a vestirse de policía por seis meses, vamos a sembrar la paranoia de los delincuentes. Los que no quieran uniformarse se van directo a la cárcel porque seguro son ladrones”, anunció.

Omar Obaca tenía cientos de miles de seguidores en las redes, pero era un candidato de ficción. Fue un invento del canal de televisión por internet FWTV y lo representaba el actor argentino Marcos Martínez. Sin embargo, como estaba inspirado en hechos reales, causó impacto y generó adhesiones.

En Argentina, y también en el Perú, con sofocante frecuencia aparecen políticos que afirman que su aspiración es terminar con la corrupción y la inseguridad ciudadana, esos flagelos que han empobrecido a nuestros países. Los candidatos llegan al poder y su retórica y sus promesas se degradan ante la realidad. El despilfarro, la corrupción y la impunidad salen a discutir su supremacía. Y el resultado es, como tantas veces, un país errático.

De acuerdo con un informe de Transparencia Internacional, el Perú es el tercer país con el índice de corrupción más alto en Latinoamérica. Solo es superado por México y República Dominicana.

La gente se está hartando de este panorama. El problema no es que irrumpa un Omar Obaca en las siguientes elecciones en nuestro país, lo peligroso es que aparezca un personaje real, un político fuera del sistema democrático.

Ante la incapacidad e inoperancia de la clase política, no se necesitan proyectos extremistas personales sino nuevos líderes que construyan un plan, una estrategia para solucionar este álgido problema.

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