Opinión

Soberanía

COLUMNA: MARTÍN SANTIVÁÑEZ

15 de Febrero del 2018 - 07:00 Martín Santivañez

Uno. Si el derecho nace del consenso, entonces es lógico concluir que el primer consenso es el de la comunidad política nacional. La otra opción pasa por reconocer la existencia de un derecho natural, anterior al Estado. Pero si la comunidad política nacional genera derecho mediante un poder exclusivo y excluyente (soberanía), entonces el consenso nacional, en virtud del principio de inmediatez, prima sobre el consenso internacional, que puede desconocer la realidad de un Estado concreto. El razonamiento es distinto si reconocemos el origen natural de los derechos humanos, pero la ciencia jurídica posmoderna, al discutir sobre este extremo, cae en un agujero negro autorreferencial. Por lo demás, no hay técnica jurídica sin el reconocimiento de un ámbito procesal que debe ser cumplido. Esto es, un tribunal que viola el debido proceso puede ser calificado de jacobino y radical.

Dos. La soberanía jurídica tiene una consecuencia lógica. El interés del Estado-nación es relevante frente al interés de la comunidad internacional. Sin embargo, se genera una distorsión sustancial cuando el tribunal encargado de juzgar la posición del derecho concreto se encuentra ideologizado. La ideologización de la justicia contamina su imparcialidad. Una justicia ideologizada es un oxímoron. La politización de la judicatura no solo resta credibilidad y eficacia al sistema. También lo condena a su reforma. O derecho o ideología. La penetración de la ideología en el derecho ha generado que el principio de realidad sea equiparado al voluntarismo ideológico que ignora la realidad en función de la opinión. Y esto provoca la liquidación del sistema.

Tres. La recuperación de la soberanía debe partir de un gran consenso nacional. El Bicentenario tiene un objetivo concreto: afirmar la peruanidad.

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