Opinión

Socialismo del siglo XXI

COLUMNA: IVÁN SLOCOVICH

25 de Enero del 2018 - 07:30 IVÁN SLOCOVICH PARDO

Aquellos que aún se niegan a mirar la realidad y siguen creyendo en farsas como las que trata de introducir la izquierda deberían tomar nota del drama de los miles de venezolanos que han llegado al Perú huyendo del desastre del gobierno de Nicolás Maduro, quien relevó a Hugo Chávez y ha sumido a ese rico país petrolero en una pesadilla de hambre, corrupción, abusos y crímenes que amenaza con prolongarse.

Esos admiradores del chavismo deberían quitarse la venda de los ojos y darse cuenta de que los miles de venezolanos que hoy vemos formando colas para regularizar su situación migratoria y haciendo cachuelos en las calles o pequeños negocios no han llegado a hacer turismo, a que los peruanos probemos sus ricas arepas o porque les gusta el cebiche. Están acá porque han tenido que huir del espanto en que se ha convertido su país.

Para colmo de males, Maduro, con toda su aplanadora, que ha echado por tierra la separación de poderes, ha decidido adelantar las elecciones presidenciales en Venezuela y, como no podía ser de otra manera, el tirano irá a la reelección en un proceso en el que la oposición no tiene mayores posibilidades de presentar un candidato único de relevancia. Con esto se da por descontado que el chavismo seguirá al frente de Venezuela.

A propósito, nuestra izquierda, que desde fines del siglo pasado volvió a la palestra política protestando contra la ilegal reelección de Alberto Fujimori en el año 2000, ¿no dice nada de que Maduro busque quedarse más tiempo en el poder a través de burdas maniobras? ¿Por qué la permanencia en la Presidencia de “el Chino” era mala y la del cabecilla chavista no lo es? ¿Será porque el venezolano es “socialista”? ¿Qué dicen Manuel Dammert, Marisa Glave e Indira Huilca?

Venezuela vive y seguirá viviendo un drama que todos deberían condenar, y más aún aquellos que hacen carrera política y también dinero promocionándose como críticos de la corrupción y defensores de la democracia y los derechos humanos. El crimen y el robo no pueden ser vistos con los filtros de la “ideología”. Dejar de lado la ceguera y la terquedad por defender lo indefendible no le haría nada mal a una izquierda que parece vivir fuera de la realidad.

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