Ni el gobierno de PPK ni el de Vizcarra representaron un peligro real para la democracia del país y, sin embargo, sus presidentes fueron vacados. Para ambos, la razón fueron los indicios de corrupción que en el primer caso fueron anteriores a su gestión y en el segundo, se evidenciaron en pleno ejercicio. Pero ni el uno ni el otro colocaron a un defensor de terroristas en la PCM, a un guerrillero castrista en Cancillería o designaron a ministros claramente incompetentes, algunos vinculados al Movadef, y sin experiencia en gestión pública.

No tuvieron a un corrupto ejerciendo, de forma insolentemente paralela, el poder o tuvieron un plan para implantar un modelo arcaico en lo económico, retrógrado en lo político y que busca avasallar la democracia a través de una Asamblea Constituyente. Por eso, a contracorriente de los moderados, los dialogantes y los infaltables tibios, definitivamente no hay otro camino que la vacancia. La democracia tiene contrapesos y estos no sirven de nada si no se aplican.

La democracia tampoco es ingenua, ni boba: Tiene potentes armas para defenderse. Por eso el Congreso debe unir a las fuerzas de la derecha y de la centro izquierda -que negligentemente apoyó a Castillo- para salvar la democracia, es más, para salvar al país del estropicio, del caos absoluto, de la barbarie indetenible que hoy asoma. Los votos están y es hoy, no mañana.

El Congreso debe exigir un cambio radical del Gabinete por otro que represente los verdaderos valores de un país que no se ha derrumbado ni en las peores crisis. Un Gabinete de personas dignas y no de truhanes convocados a la hora y con los métodos con los que “Caracol” planea sus acciones. Si no se acepta, esa dupla indigna y vergonzosa -Castillo y Cerrón- debe irse. No hace falta más tiempo ni más demostraciones de su corrupta indecencia.