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COLUMNA: IVÁN SLOCOVICH

18 de Octubre del 2018 - 07:30 IVÁN SLOCOVICH PARDO

Escribo estas líneas mientras el Poder Judicial aún no determina si Keiko Fujimori debe ser puesta en libertad o seguir detenida de manera preliminar durante diez días, en espera de que el Ministerio Público solicite al juez una orden de arresto preventivo por algunos meses. Sin embargo, a juzgar por lo visto en los últimos días, queda claro que hay muchos implicados en el caso “Lava Jato” que tienen bastante suerte por el hecho de estar hasta ahora gozando de libertad.

Si a la lideresa de Fuerza Popular la han mandado adentro por lo dicho por Jorge Barata y Marcelo Odebrecht, en el sentido de que entregaron plata de la constructora a su campaña del 2011, lo cual incluso ha provocado la detención de uno de los supuestos emisarios (Augusto Bedoya) y la orden de captura de otro (Jaime Yoshiyama), de los dos asesores (Pier Figari y Ana Herz) y hasta de la secretaria de la excandidata presidencial (Carmela Paucará), no se entiende por qué a otros no les pasa nada.

Por ejemplo, Susana Villarán sigue libre. Sobre ella pesa apenas un impedimento de salida del país, pese a que la plata sucia le cayó cuando era autoridad pública. A Anel Townsend nadie la toca, así como al entorno más próximo de la exalcaldesa. Ollanta Humala, su esposa y los de su núcleo están libres, a pesar de que los brasileños han confirmado y reconfirmado que les dieron plata. Casi han dado hasta el color de las mochilas en que entregaron el dinero a Nadine Heredia.

Estos casos llevan años, pero nadie está preso. Si tenemos una fiscalía tan rigurosa, que se ha manifestado ayer en la exposición del fiscal Rafael Vela Barba, ¿cómo así no hace nada pese a los muertos que tienen metidos en sus casas la señora Villarán y el expresidente Humala? Si hay indicios, ¿por qué no actúan? Lo mismo podría decirse de las situaciones de Alan García y Pedro Pablo Kuczynski, y del “campeón” Alejandro Toledo, quien la hace linda en Estados Unidos.

Cabría preguntarse si la “rigurosidad” que se muestra con Keiko Fujimori, a quien incluso ayer le pusieron un chaleco antibalas con la palabra “detenido” en el pecho mientras asistía a la audiencia, se verá en algún momento con los otros políticos implicados en las cochinadas de Odebrecht, pues se supone que la justicia es ciega y no ve a quién sanciona con su filuda espada. Mientras tanto, Villarán, Humala y compañía ven todo tranquilos desde su casa. Provecho.

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