Opinión

Susana Villarán: La reserva inmoral

COLUMNA: FRANCISCO COHELLO

15 de Mayo del 2019 - 07:00 Francisco Cohello

Susana Villarán no era la “Tía Bacán”, la lady de los progresistas, la madame de los buenos modales y mucho menos la reserva moral de los desposeídos. ¿Quién era, en realidad, Susana Villarán? A raíz de los audios propalados y, sospechosamente, no escrutados por la Fiscalía, tenía más bien un aura de arrabalera, un lenguaje ordinario que se refería a los “tres palos verdes” y que no se ruborizaba al señalar que “esto lo han hecho para joder”. Ya en la campaña a la MML del 2010, la entonces candidata se había referido a Lourdes Flores Nano con la callejonera frase de “es una perra” cuando la pepecista le dio una paliza en el debate y estuvo a punto de revertir su segundo frágil lugar en las encuestas. Villarán no representó nunca, pues, el faro de ética luminosa sobre la podredumbre política, y estaba muy lejos de ser ese valor que la progresía le había inventado para justificar su prominente ineficacia, su desesperante lentitud, las elocuentes falencias de gestión para una megaurbe como Lima. No era, tampoco, la política estructurada y precisa, curtida en los conceptos y las matrices teóricas, cultivada en lo enciclopédico como Alfonso Barrantes, o con la sólida arquitectura ideológica de, por ejemplo, un Jorge del Prado. Villarán era, pues, hace algún tiempo, un invento de marca mayor, una entelequia, una nube gris en el cielo tedioso de Lima. Su vida política alcanzó dos hitos en la escala del descrédito cuando postuló a la reelección el 2014 -en la revocatoria prometió que no lo haría- y cuando en el 2016 integró la plancha de Daniel Urresti sin importar su endemoniado pasado sobre DD.HH. Lo que se supo en los últimos meses es que a la mediocridad de un CV sin luces ni perspectivas, a su palabra vacua y a la gitanería de sus causas, le había sumado algo peor: sus nexos con el delito, su convivencia con la corrupción. Tras la decisión judicial de someterla a 18 meses de prisión preventiva, Villarán ha añadido una perla más al chasco que ha sido su vida pública de insulsas posturas, de financiados brazos cruzados, de chalinas verdes y meaculpas fingidos: Ahora también estrena el título de política inmoral.

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