La catástrofe de la pandemia nos ha sumergido en una difícil situación económica. Cuarentenas y toques de queda que frenaron el dinamismo del comercio, los servicios de salud y el turismo; por eso, el reinicio del tránsito de personas por los complejos fronterizos de Santa Rosa y Chacalluta, en la frontera Perú – Chile, genera alivio en muchas familias de Tacna.

Tacna y Arica tienen una relación de dependencia bastante compleja que viene desde la época colonial y en la actualidad tenemos al Comité de Integración y Desarrollo Fronterizo Perú-Chile que aborda diversos temas en común.

Sin embargo, este espacio de diálogo que tiene por fin articular una agenda de diálogo sobre temas de interés regional y binacional para plantearlos a los gobiernos nacionales, no está siendo escuchado por las cancillerías de ambos países. Prueba de ello, son las contradicciones en las que entraron para lograr la “reapertura de fronteras”.

Hay que recordarlo y decirlo: Tacna y Arica son ciudades invisibles para los gobiernos nacionales, por eso necesitan trabajar juntas para su desarrollo fronterizo.

Por ejemplo, en cuestión del turismo, un tema que ha estado en agenda es el proyecto novedoso de construir una vía costera que pudiera unir ambas ciudades con atractivos y servicios turísticos, pero la propuesta solo ha sido mirada de reojo, como se mira a la playa Santa Rosa desde que se dio a conocer el fallo de La Haya.

Mientras tanto, Arica se prepara con la ampliación de su aeropuerto en Chacalluta que incluirá un nuevo terminal de carga ¿Qué estamos haciendo en Tacna?