He trabajado en La Victoria durante 32 años, desde 1993 hasta 2025, que fue cuando la sede de este diario pasó al Centro de Lima, y puedo dar fe que dicho distrito ha sido inmanejable para todos los alcaldes que he visto pasar, quienes han llegado y se han ido sin pena ni gloria, no sólo dejando todo en el mismo caos de siempre, sino también figurando, algunos de ellos, como integrantes de bandas de ladrones, extorsionadores y apretadores como el actual burgomaestre, Rubén Cano, que está en muy serios problemas.
El distrito es una mina de oro para los corruptos. La informalidad y la plata que allí se mueve generan de inmediato la aparición de bandas dedicadas a tratar de llevarse la suya. Recordemos que un anterior alcalde, Elías Cuba (2015-2018), fue a parar a la cárcel bajo cargo de ser el cabecilla de la banda “Los intocables ediles”, también dedicada a cobrar cupos en la zona de Gamarra. El emporio textil – comercial atrae a los sinvergüenzas como la miel a las moscas.
Cómo olvidar al exalcalde Jorge Bonifaz Carmona (1999-2002), a quien se le debe reconocer por haber liberado de ambulantes toda la zona de Gamarra. Fueron varias jornadas violentas que me tocó cubrir como reportero. Fue el denominado “Gamarrazo”. Sin embargo, este mismo caballero, una vez que no fue reelecto, abandonó a los vecinos a su suerte. En las últimas semanas de su gestión, los cerros de basura y la pestilencia cubrían todo el distrito.
La Victoria ha tenido otros alcaldes más mediáticos como George Forsyth (2019-2020), siempre apoyado por Martín Vizcarra con el envío de policías y militares, y otros de perfil bajo como el reelecto Alberto Sánchez Aizcorbe (2007-2014). Ambos tuvieron sus carpetas en el Ministerio Público por presuntos casos de corrupción finalmente archivados. Pero lo cierto es que llegaron y se fueron, y el distrito ha seguido en el mismo caos y desgobierno de toda la vida.
Este año habrá elecciones regionales y municipales, y ojalá que por primera vez los vecinos de La Victoria voten por un buen burgomaestre, uno que haga obra, dé seguridad, parche pistas, ponga orden en avenidas como México y Canadá, bote a los vendedores de autos que toman avenidas como Nicolás Arriola ante los ojos de todo el mundo, recupere Gamarra de informales y extorsionadores –muchos de ellos venezolanos– y, sobre todo, que no robe y no termine preso por ser cabecilla de un cártel de maleantes. ¿Será posible?