Opinión

Taras Eternas

COLUMNA: IVÁN SLOCOVICH

24 de Julio del 2018 - 07:30 IVÁN SLOCOVICH PARDO

El lamentable caso de intoxicación de 400 niños beneficiarios del programa Qali Warma en la provincia de Cañete muestra dos taras que deben ser erradicadas de inmediato si es que queremos avanzar como país y evitar la corrupción que hoy tanto nos escandaliza. Una de ellas es el famoso “direccionamiento” en las licitaciones para favorecer a los proveedores “amigos” y otra es la lentitud del Ministerio Público ante las graves denuncias que recibe.

Ayer la ministra de Desarrollo e Inclusión Social, Liliana La Rosa, ha dicho que en el caso del mencionado programa social hubo direccionamiento en el 2017 y que por eso se están cambiando las bases para seleccionar a los proveedores. Sería bueno que el caso no quede ahí y sepamos los nombres de los funcionarios que se habrían estado llenando los bolsillos favoreciendo a algunos, porque se sabe muy bien que en estas cosas nada es gratis.

Tengamos en cuenta que hablamos de un programa creado por el humalismo que desde el inicio presentó graves problemas. No es la primera vez que tenemos niños intoxicados por Qali Warma, y es grave que pese a los casos conocidos haya existido gente, según lo dicho por la ministra La Rosa, que ha seguido llevando agua para su molino a costa del bienestar de los menores más pobres de este país. Estas personas no merecen perdón de ningún tipo.

Ayer la ministra también ha señalado otra cosa grave: que el proveedor responsable de la intoxicación en Cañete ya había sido empapelado ante el Ministerio Público en el 2014, pero que hasta el momento el asunto no ha merecido sanción alguna. Lo de siempre. Se hacen denuncias, pero nuestro desastroso sistema de justicia deja todo a medio camino. Seguro nos dirán que un fiscal de por ahí sigue investigando y que en breve formulará acusación penal.

La intoxicación de cientos de menores nos hace ver que poco o nada se ha avanzado dentro del Estado. Están los eternos “direccionamientos” de las licitaciones, un mal tan antiguo como el Perú mismo, donde los responsables son tanto los malos empresarios como los funcionarios que se dejan coimear; y la inacción de la justicia, que parece manejarse a punta de “hermanito” y “hermanito lindo”, todo lo cual repercute en la gente más vulnerable. Ahí está la muestra.

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