Opinión

Terremoto, esa espada de Damocles

COLUMNA: JAIME ASIÁN

27 de Mayo del 2019 - 07:00 Jaime Asián Domínguez

“Los terremotos son la manera que tiene la Tierra de liberarse de sus fantasmas”, dice con absoluta propiedad el escritor chileno Alberto Fuguet en su libro Las películas de mi vida.

Y esos fantasmas a veces son tan terroríficos que dejan estigmas imborrables. Por ejemplo, “los mexicanos tenemos un sismógrafo en el alma, al menos los que sobrevivimos al terremoto de 1985 en el Distrito Federal. Si una lámpara se mueve, nos refugiamos en el quicio de una puerta”, confiesa el escritor y periodista mexicano Juan Villoro en 8.8: Miedo en el espejo.

Aquí todavía no terminamos de aprender la lección. Sumamos desgracias recientes, como la de Chincha, Pisco e Ica del 15 de agosto del 2007, con 595 personas fallecidas, pero seguimos creyendo que Dios es peruano, que no nos volverá a pasar y la preparación para la eventualidad, traducida en simulacros, en ocasiones no halla quórum o es tomada como un rato de ocio.

La madrugada de ayer tembló gran parte del país desde el epicentro en Lagunas, Alto Amazonas, y otra vez se impone la foto oportunista, la promesa fácil de reconstrucción, la carpa, la frazada, la casa prefabricada, pero lo que también se necesita con urgencia es concientizar a la población de que vivimos sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico y, por lo tanto, la amenaza de un terremoto mayor pende sobre nosotros, como la espada de Damocles.

Una encuesta acentúa la preocupación: la mayoría de connacionales consideran que no están preparados para afrontar un terremoto. Es allí cuando deben entrar a tallar Defensa Civil, el Minedu e instituciones afines para hacer de la prevención una política de Estado.

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