Opinión

Terrucos fresh & nice

COLUMNA: IVÁN SLOCOVICH

08 de Enero del 2018 - 07:30 IVÁN SLOCOVICH PARDO

Cuando uno cree que en el Perú ya llegamos al límite de los absurdos y las actitudes absolutamente incongruentes y propias de los más grandes caraduras, siempre ocurre algo más como para darnos cuenta de que siempre se puede caer más hondo. Lo vemos hoy con tres fieros y bárbaros terroristas, dos de los cuales gozan de libertad gracias a que les fue rebajada a 25 años la muy justa condena de cadena perpetua que les impusieron en 1992.

Me refiero en primer término a Maritza Garrido Lecca, la mujer que escondía en su casa a Abimael Guzmán mientras este se encargaba de planear los más brutales atentados sufridos por Lima. Esta terrorista liberada, que además no ha pagado la reparación civil, anda por ahí, muy tranquila, visitando la Clínica Angloamericana de San Isidro. ¿Por qué esta senderista no se atiende con “las masas” y es congruente con su “ideología”? ¿Ya le gustaron las comodidades burguesas?

Otro al que hemos visto hace unos días tomando sol en una playa -dicen que es Punta Sal- ha sido al sanguinario emerretista Peter Cárdenas Schulte, quien también, al igual que Garrido Lecca, ganó la calle sin pagar un centavo de reparación, luego de que le bajaron la condena de cadena perpetua, algo por lo que, dicho sea de paso, nadie reclamó, ni siquiera esos que se hacen llamar “defensores de derechos humanos” y que lucran con eso.

Y ya como algo anecdótico, ayer ha circulado en redes sociales un mensaje que envía la cabecilla senderista Elena Yparraguirre, una de las alojadas por Garrido Lecca, nada menos que al... ¡papa Francisco! Sí, esta criminal que dirigió una banda armada que también mató a sacerdotes católicos, tiene el descaro de dirigirse al Pontífice para que la escuche e interceda por la “reconciliación” en el Perú. Mejor apagamos la luz y nos vamos todos.

Ahí tenemos a Garrido Lecca y Cárdenas Schulte viviendo de lo lindo gracias a la injusta reducción de sus condenas pese a la sangre que manchan sus manos y a que no han pagado reparación civil al Estado; mientras desde la cárcel vemos a la mujer del carnicero Guzmán pidiendo audiencia con el Papa. ¿No querrá también salir a cantar en el coro de la misa papal en Las Palmas? Solo en el Perú, señores, donde el Estado jamás actuó con la debida energía frente a estos salvajes.

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