Todo hace pensar que el gran escándalo de las reuniones clandestinas en el despacho presidencial paralelo del pasaje Sarratea de Breña, entre el presidente Pedro Castillo y funcionarios públicos, empresarios, proveedores del Estado y lobistas de alto calibre como Karelim López, quedará en el más grande misterio y jamás se conocerán detalles de lo que sucedió en ese lugar que se ha convertido en un ícono de la informalidad, la falta de transparencia y la posible corrupción de este gobierno.

Por un lado, tenemos al Ministerio Público anunciado una investigación contra el presidente Castillo por dos millonarias licitaciones en las que ha tenido que ver la señora López, pero casi al mismo tiempo especificando a través de un comunicado que todas las pesquisas que involucran al mandatario se iniciarán recién cuando acabe su mandato, es decir –en teoría–, a partir de julio del año 2026, En otras palabras, al jefe de Estado nadie lo toca.

Horas después apareció en conferencia de prensa la premier Mirtha Vásquez, quien zafó cuerpo y dejó en claro que no se hará pública la lista de los asistentes a las reuniones clandestinas en Breña. Semanas atrás había dicho que el propio gobernante proporcionaría los nombres, al amparo de su memoria. Bueno, con lo de ayer es evidente que desde el Poder Ejecutivo no hay voluntad de aclarar las cosas y que todo eso de la relación de “invitados” a Sarretea fue una tremenda mecida.Este es, pues, el gobierno de la “honestidad”, el régimen del humilde profesor chotano que no tiene nada que ocultar, de aquel personaje que se promocionaba como la luz frente a la sombra del fujimorismo, cuando en realidad deja pestilentes dudas a su paso que ni se esfuerza por aclarar. Han aparecido 20 mil dólares en uno de los baños de Palacio de Gobierno, pero acá no pasa nada. Una nota de IDL Reporteros dice que la señora López ha pagado una coima al profesor, no obstante, todo es silencio.

El gran problema de esto es que los peruanos corren el riesgo de acostumbrarse a un gobierno que no rinde cuentas y no aclara las cosas por más que haya evidentes huellas de corrupción, simplemente porque no le da la gana. Son los reyes del silencio, la oscuridad y la sinvergüencería que eso implica, pero ahí van, tranquilos. Y si alguien los critica, dicen que es porque “no perdonan” que un “humilde profesor, agricultor y rondero”, sea hoy presidente. En esto se ha convertido el Perú.