En menos de una semana de gestión como presidenta de la República, Keiko Fujimori ha visitado Junín y Piura. Además anunció que intensificará sus viajes al interior del país. Da señales de cumplir lo que prometió en su mensaje a la Nación: forjar canales de diálogo con las regiones y trabajar como un solo equipo.
El Perú necesita precisamente esa articulación. La lucha contra la inseguridad, la atención de los efectos de los desastres naturales, el cierre de brechas en salud, educación e infraestructura y la reactivación económica requieren un esfuerzo conjunto entre el Gobierno Nacional, los gobiernos regionales y las municipalidades. Ninguna administración podrá alcanzar sus objetivos si actúa de manera aislada.
Asimismo, una presencia constante del Ejecutivo en las regiones puede contribuir a reducir tensiones y fortalecer los canales de diálogo. Escuchar a las autoridades locales, a los sectores productivos y a las organizaciones sociales permite anticipar conflictos y construir soluciones con mayor legitimidad. La gobernabilidad no se impone; se construye mediante la confianza y la capacidad de atender las demandas ciudadanas.
Sin embargo, la cercanía debe traducirse en hechos. Los viajes serán valiosos en la medida en que se conviertan en proyectos ejecutados, servicios públicos de mejor calidad y respuestas oportunas a las necesidades de la población. La ciudadanía no evaluará el número de visitas presidenciales, sino los cambios que estas generen en su calidad de vida.
El inicio de esta nueva etapa ofrece la oportunidad de fortalecer la relación entre el Estado y las regiones. Si el diálogo se mantiene, la coordinación se consolida y los compromisos se cumplen, el país habrá dado un paso importante hacia el progreso.
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