Opinión

Tres milloncitos

Columna: IVÁN SLOCOVICH

23 de Noviembre del 2017 - 07:30 Iván Slocovich

A estas alturas, resulta muy indignante e irónico -al mismo tiempo que risible, hay que reconocerlo- que en su campaña de inicios del año 2013 para no ser revocada, la entonces alcaldesa de Lima, Susana Villarán, haya apelado a su “decencia” y “superioridad moral” para colocarse por encima de sus adversarios que hasta eran tildados de mafiosos y sinvergüenzas por tener la osadía de pedir democráticamente la salida de la señora por ineficiente.

Lo señalo porque ayer El Comercio ha publicado una información determinante que confirma, a través de la declaración formal de un colaborador eficaz, la catadura moral de los “moralizadores”. Las corruptas empresas constructoras brasileñas Odebrecht y OAS pagaron en conjunto tres millones de dólares a una empresa que tenía en sus filas a Luis Favre, para la vistosa campaña publicitaria que impidió que la burgomaestre se vaya a su casa.

La nota indica que la propia alcaldesa estaba al tanto de todo; pues sostuvo “dos o tres” encuentros con Valdemir Garreta, dueño de la consultora FX Comunicaciones, para ver los detalles de su contrato con dinero -a todas luces- entregado por debajo de la mesa y sin ser declarado. Sí, dinero sucio. Obviamente, Villarán ha negado todo a través de su cuenta en Facebook. Insiste en que nunca se ha reunido con el mencionado publicista brasileño.

Irónico que la campaña “de la honestidad” con Villarán al frente termine embarrada por el dinero sucio de la corrupción que sus propios protagonistas dejaron entrar, pues no creo que vayan a tener hoy el empacho y la desvergüenza de decir que creían que los aportes de Odebrecht y OAS eran “desinteresados”; ya que es bien sabido que ambas compañías poseían millonarios intereses en las licitaciones de obras que realizaba la Municipalidad de Lima.

Sería bueno saber qué dicen ahora los que apoyaron y se prestaron a esta campaña -incluyendo a los artistas de los brazos cruzados-, en la que el “No” de Villarán representaba a la “honestidad” y la “decencia”, frente al “Sí” de los “corruptos” y “mafiosos”. ¿Harán mea culpa?, ¿o dirán que creían que Favre trabajaba gratis?, ¿exigirán con entusiasmo que les caiga la quincha a Villarán y compañía como piden para otros?, ¿lavarán chalinas? Habrá que ver.

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