Opinión

TRUMP SIGUE CAVANDO SU PROPIA TUMBA

Hace ocho días dediqué mi columna a la crisis interna que afronta el gobierno del presidente de los EE.UU. y la titulé “¿Ha comenzado el Waterloo de Donald Trump?”, haciendo referencia a la situación de inestabilidad que transmitió la gestión al revelarse la abrupta salida de la Casa Blanca del portavoz oficial, Sean Spicer

30 de Julio del 2017 - 07:44 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Hace ocho días dediqué mi columna a la crisis interna que afronta el gobierno del presidente de los EE.UU. y la titulé “¿Ha comenzado el Waterloo de Donald Trump?”, haciendo referencia a la situación de inestabilidad que transmitió la gestión al revelarse la abrupta salida de la Casa Blanca del portavoz oficial, Sean Spicer. Tan solo pocos días después, y a juzgar por el reciente nuevo despido, esta vez nada más y nada menos que el de su propio jefe de gabinete, Reince Priebus, uno de los más fieles colaboradores con que contó Trump durante la campaña presidencial -proveniente del partido Republicano-, sigo pensando que, hallándose apenas en el sétimo mes de su mandato, su capacidad para mantener el equilibrio en las tareas del día a día de la delicadísima gestión gubernamental es prácticamente nula. El hecho de que el presidente neoyorquino cambie a sus colaboradores más cercanos en un santiamén -en muchos casos excitado por informaciones que le llegan de fuentes dispersas- revela que el clima laboral dentro de la Casa Blanca está por los suelos. Tramas, indisposiciones, chismes, recelos, entre otros, parecen ser las conductas que más destacan en el círculo más cercano a Trump. Todo se refleja muy tormentoso en el nuevo mundo de Trump, quien, sin pensar detenidamente acerca del perfil de los hombres clave para el gobierno, decide colocar a gente sin ninguna experiencia política previa en cargos de enorme repercusión. En algo más de medio año de gobierno, Trump ha debido soportar acusaciones por destituir al jefe del FBI que venía investigando algún nivel de participación rusa en la campaña política que lo hizo presidente. La reacción irritable de Trump parece que no le permite distinguir situaciones de crisis en el poder político, pues cree que podrían abordarse como cuando conducía sus afamadas empresas, y eso es un gravísimo error. Desde el Capitolio han pedido su destitución y hasta hay quienes pronostican que sufriría un atentado. Si acaso no cambia su carácter, Trump irá cuesta abajo, cavando su propia tumba.

tags