Opinión

Trump y su realismo político sobre Norcorea

Columna de Miguel Ángel Rodríguez Mackay

14 de Diciembre del 2017 - 07:01 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Donald Trump políticamente sigue cayendo y esa es su mayor tragedia. No ha llegado al año de mandato y su descrédito crece. La reciente derrota del juez Roy Moore en Alabama -tradicional plaza republicana- ante el senador demócrata Doug Jones y las deliberadas denuncias por acoso sexual contra el Presidente lo empañan y generan el contexto que sus detractores están buscando para aniquilarlo, a pesar de seguir contando con el máximo apoyo del poder real en ese país, que son los lobistas de Washington y Nueva York. Frente a ello, voltea hacia su vapuleado secretario de Estado Rex Tillerson y esta vez decide hacerle caso en su idea sobre Corea del Norte, que hasta hace poco ninguneaba. Lo voy a explicar. Trump sabe que cuando las papas queman en el frente interno debe atenuarlas con una rápida reacción en el marco de la política internacional estadounidense; de lo contrario, corre el riesgo de colapsar. La única manera de distraer deliberadamente la atención nacional de la mencionada ignominiosa derrota de Alabama -que podría volverse una estampida electoral que permita a los demócratas recuperar el control del Congreso en el 2018- así como de las mentadas denuncias sexuales en su contra -que en el fondo buscan desprestigiarlo para luego encaminarlo a su destitución- es llamar la atención de la opinión pública de su país soltando la posibilidad de un acercamiento con Kim Jong-un, el líder norcoreano que se ha pasado los últimos meses ordenando el lanzamiento de misiles balísticos intercontinentales en el Pacífico para incitar a Trump a que pise el palito del conflicto. Los asesores de Trump saben de memoria que la reciente movida de fichas sobre Corea del Norte es muy riesgosa para el propio presidente, porque puede recibir un portazo del inadvertido Kim; ello afirmaría su debilitamiento en el frente internacional, agudizado por sus pleitos con medio mundo por el asunto de Jerusalén. Trump -que gasta y mucho en ejercicios militares conjuntos con los surcoreanos- se come el sapo sobre Kim y juega su carta con puro realismo político. Esperemos ver la reacción de Pyongyang. 

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