Si bien es cierto que se trataba de un debate técnico, los problemas que han venido golpeando a los pequeños y medianos empresarios en todo el país tienen su origen en un factor político. Así, el debate técnico constituía el espacio ideal para dirigirse a esos empresarios, trabajadores y ciudadanos golpeados y comunicarles esa interpretación política de la realidad nacional en contextos geopolíticos complejos.
Juntos por el Perú (JP) entendió mejor la oportunidad política del debate, pero lo hizo recurriendo a propuestas populistas basadas únicamente en subsidios que no soportan el menor análisis económico de impacto, y sobre las que no se ha dicho cómo se financiarán. Fue Luis Carranza quien, con datos, logró desenmascarar el malhadado arte de Pedro Francke y compañía, de atribuirse cifras económicas de rebote postpandemia como un logro de gestión del MEF.
No somos tontos, pero los peruanos buscamos soluciones, y tampoco Fuerza Popular (FP) logró despuntarse en sus propuestas. En infraestructura recurrió a la buena imagen de gestión de Carlos Neuhaus, estrategia que no fue suficiente pues no logró abordar los demás ingredientes necesarios para transformar la infraestructura y los servicios públicos del país; además de dejar de lado la base que todo estadista debe recordar en este país diverso: el Perú no es Lima y para la infraestructura conviven múltiples ejecutores en todos los niveles de gobierno.
Esta estrategia tampoco estuvo acompañada de una visión de país en el bloque de reforma de estado, espacio en el que FP limitó su discurso a un mero rol coordinador de la PCM.
En resumen, el debate no encantó, no ilusionó. Se desaprovechó la oportunidad para conectar con la gente en base en propuestas. Ahora todo está en la cancha de los candidatos.