Opinión

Un geógrafo y el Río loco

​Observando la violencia del agua cruzando los puentes de la ciudad de Piura pensaba en lo genial que hubiera sido tener en estos momentos a Gonzalo de Reparaz “disfrutando” científicamente de aquello a lo que dedicó tantos años de investigación.

07 de Marzo del 2017 - 07:02 Rolando Rodrich

Observando la violencia del agua cruzando los puentes de la ciudad de Piura pensaba en lo genial que hubiera sido tener en estos momentos a Gonzalo de Reparaz “disfrutando” científicamente de aquello a lo que dedicó tantos años de investigación. En una memorable lección de inauguración del año académico de la Universidad de Piura, en 1977, De Reparaz, nos regaló unas enseñanzas, que si hubiéramos cumplido, otra sería nuestra suerte. El geógrafo, nacido en Francia, definió a este personaje que hoy concentra toda nuestra atención y rezos, como un río loco. “Porque pueden pasar tres cosas (porque hay tres Piuras: el secreto, el normal y el furioso). Si se trata de un año de lluvias pobres (percance que tan a menudo le sucede) a nuestro río le faltan ánimos para seguir adelante. ¿Qué hace entonces? Modestamente se esconde, se sume, desaparece bajo la superficie y se dedica a alimentar las capas freáticas… nuestro Piura se ha transformado en río subterráneo: es el Piura secreto”. El Piura normal es muy relativo, porque dice De Reparaz que estos son menos de la mitad de los estudiados en que corre por su cauce sin causar daños. “Pero súbitamente -como buen torrente de zona árida- la locura de nuestro Piura puede transformarse de tranquila en violenta -este es el Piura furioso, pavoroso torrente avasallador que todo lo arrasa, que en sus antojos cambia de lecho, borra acequias, destruye cosechas, inunda enormes extensiones y, en suma, comete mil disparates y fechorías. El agua tan deseada se transforma entonces en tremendo flagelo”.

Pero Gonzalo no solo se enteró cómo es el río, también como somos los piuranos. “El habitante de las ciudades vive de espaldas a la naturaleza… Ignora la importancia de los fenómenos físicos de los que, sin embargo, tan estrechamente depende. Tampoco hay donde se enseñe cómo se conducen los torrentes que las cimas de los andes regalan a la zona árida. No, no se les conoce. Se sabe de ellos vagamente. Esta vaguedad tiene poco valor y poca utilidad. .. es algo así como cursar la carrera de medicina y doctorarse de médico sin haber estudiado anatomía”.

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