La reciente información de un próximo congreso partidario de Perú Libre en el que Pedro Castillo disertará sobre las políticas “irrenunciables” que el partido debe aplicar en caso este gane las elecciones, no hace más que dejar en evidencia la guerra de baja intensidad que libra desde hace un tiempo el candidato presidencial con Vladimir Cerrón.

No es casual que haya sido el fundador del partido el que haya tuiteado al respecto y dicho en los últimos días que no se van a imponer ministros a periodicazos. Pero no son los periódicos sino el propio Castillo el que fragua un gabinete de izquierda moderada al reunirse con Jorge Nieto, Alonso Segura o Pedro Francke.

Todo esto debe saberle a chicharrón de sebo a Cerrón, que odia a los caviares más que a la derecha y que sabe que al manejar este sector gran parte de los hilos judiciales, lo que se avizora con él no es la jefatura de un ministerio sino su incursión en un calabozo. No les va a ser difícil que a través de Los Dinámicos del Centro o de Odebrecht, la izquierda caviar pueda librarse del obstáculo más serio que tiene para secuestrar el poder.

Es por eso que a Cerrón no le convienen posturas centristas ni medias tintas: Su objetivo es desmontar el Estado y no dejar piedra sobre piedra, y eso solo se logra cerrando el Congreso y con una Asamblea Constituyente que refunde el país. Por eso, no deja de ser un acertijo cómo se resolverá este dilema en el que Castillo se arriesga a perder más de la mitad de su bancada y a ganarse a un enemigo insaciable si insiste en sus intentos centristas.

Pero del otro lado, un portazo a la democracia a lo Fujimori solo le asegura una vacancia o hasta un golpe de Estado. Así las cosas, la ingobernabilidad del país parece estar asegurada y hacen mal en creer algunos que si el JNE lo decide, han vencido. La ilegitimidad tiene otro precio y sus propios caminos de deflagración. Sea cual fuere el escenario, el 28 de julio será solo el inicio de otra fase que nace arrinconada por la convulsión y la precariedad, y que tiene toda la traza de un gobierno inviable.