En su monumental novela El otoño del patriarca, Gabriel García Márquez hace hablar a su personaje principal, el decrépito y brutal dictador de una surrealista isla perdida en el Caribe, quien palabras más, palabras menos, dice que por más poderosa que sea, una persona con capacidad de mando jamás debe dar una orden que no se va a poder cumplir, porque eso la expone al ridículo y a una pérdida total de autoridad ante sus subordinados y el resto de gente atenta a sus acciones.
Y eso es lo que ha pasado con José María Balcázar, el lamentable presidente que tenemos por obra y gracia de este Congreso de “niños”, “mochasueldos” y “mercachifes” de la política, quien bajo criterios netamente demagógicos e ideológicos, a último momento ha tratado de frenar una compra de aviones de caza F-16 para la Fuerza Aérea del Perú (FAP), cuando todo el proceso desarrollado a lo largo de varios meses, estaba cerrado y autorizado por él mismo para llegue a buen término.
Lo que ha dicho el renunciante ministro de Defensa, el general de brigada EP (r) Carlos Díaz Dañino, es muy cierto: por el lado legal y de los procedimientos administrativos no había nada que impida la firma del acuerdo comercial entre la FAP y la empresa fabricante Lockheed Martin que se concretó el lunes último, a pesar de la oposición solo verbal y ante los medios (sin documento oficial), del jefe de Estado que ha tratado de impedir la adquisición bajo argumentos lamentables.
El mandatario ha dicho que hay otras prioridades y necesidades que atender, lo cual puede se cierto, pero el presupuesto para la compra de los cazas para la FAP ya está aprobado por todos los estamentos del Estado, incluso el Congreso y la Contraloría. Hacer creer a la ciudadanía que esa plata bien podría usarse para carreteras, colegios y hospitales es demagogia pura, es una farsa propia de un comunista octogenario convertido en presidente a propuesta de un personaje como Guido Bellido, de la bancada de José Luna.
Balcázar ha generado un problema a su propio gobierno y al país por la renuncia del ministro de Defensa, a la que se ha sumado la del canciller Hugo de Zela, mientras que de otro lado ha perdido autoridad al oponerse a algo que ya no tenía marcha atrás, tanto así que ayer el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) ha cumplido con hacer el primer pago por la adquisición de las aeronaves que comenzarán a llegar en el 2029. En resumen, el jefe de Estado ha hecho el ridículo, porque nadie le hizo caso. Un papelón de antología.