Resulta hasta ofensivo a la figura del papa León XIV que un grupo de senadores de extrema izquierda agrupados en Juntos por el Perú (JP) esté solicitando que durante su recorrido por el Perú, el pontífice visite en el penal Barbadillo al golpista condenado Pedro Castillo, quien además tiene prisión preventiva por actos de corrupción cometidos durante su nefasto gobierno de año y medio que acabó con el ya conocido intento de asalto al poder y el establecimiento de una dictadura.
Felizmente el papa ha vivido muchos años en el Perú. Incluso era obispo de Chiclayo cuando Castillo intentó cerrar el Congreso, tomar el sistema de justicia, convocar a una asamblea constituyente y hacer detenciones arbitrarias, por lo que difícilmente el ilustre visitante se dejará sorprender por quienes buscan rédito político. Sin duda, quien en ese entonces era monseñor Robert Prevost, también vio por televisión cuando el profesor cruzó la línea y se puso del lado del delito.
La información que se conoce desde el lunes es que el pedido de visita a Castillo ha sido hecho por un grupo de senadores del partido de la extrema izquierda liderado por Roberto Sánchez. ¿Quiénes firman? ¿Íber Maraví, el que es sindicado de cometer atentados dinamiteros como integrante de Sendero Luminoso?, ¿suscribe también Humberto Morales, uno de los adherentes a la creación del Movadef? ¿Y quién imprimió la carta, quizá alguno de los asesores vinculados al este grupo de fachada terrorista?
Hay que tener en cuenta que ante sus reiterados fracasos judiciales, que se han traducido en rechazos a apelaciones y amparos para salvarse de la cárcel, la estrategia del golpista y de quienes lo visitan en Barbadillo es mostrarse ante la opinión pública internacional como un “perseguido político”, como “el pobre campesino al que los ricos echaron del poder y metieron preso por luchar por los más necesitados”, “como el maestrito rural que está encerrado en una mazmorra por los poderosos”. Puro cuento, pura farsa.
Y para fortalecer esa “narrativa” huachafa y mentirosa, creen que la visita del papa sería vital, como meses atrás pensaron que lo sería un pronunciamiento no vinculante de un grupo de trabajo de Naciones Unidas, que ya pasó al olvido. Pero estoy seguro que el pontífice sabe muy bien cómo son las cosas en el Perú, y que no se prestará a esta jugada politiquera de la izquierda radical. Que esa historia barata se la crean Claudian Sheinbaum en México o los dictadorzuelos de Cuba o Nicaragua. De ahí no debe pasar la cosa.
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