Leo y escucho con frecuencia a personas alarmadas por el armamentismo chileno y a otras que reclaman un urgente armamentismo peruano. No lo entiendo. Es obvio que Chile puede hacer lo que le da la gana con su dinero y sus ejércitos: él sabrá qué guerras necesita y qué tan buenos son los negocios de compra-venta de armas. Todos sabemos que, desde una bala hasta un jet caza-bombardero, nada se compra ni se vende sin pasar por estupendas comisiones, parte del precio de las armas es uno de los mejores negocios que existen. Cada quién sabe a quién le compra y por cuánto... El Perú tiene una única guerra, sangrienta, cruel, absurda. Se llama el VRAE. Se llama narco-terrorismo, financiado por el clorhidrato de cocaína y decidido a convertir al Perú en un narco-Estado. Una guerra cuyo único objetivo es mantener libres los caminos de la droga para llegar a Colombia, Centroamérica y al gran comprador -que para consumir drogas no está en crisis: los Estados Unidos de Norteamérica. Los dólares para atacar están siempre disponibles. Estamos perdiendo la única guerra que el Perú enfrenta. El narco-terrorismo, cada vez mejor armado y equipado, se da el lujo de atacar los tímidos intentos por reprimirlo, asalta y asesina, se pasea a su gusto y exporta cuanta droga quiere. ¿Qué nos falta para llegar a narco-Estado? Me parece asombroso y absurdo el anuncio del gobierno: el VRAE estará a cargo de “un civil con mucha experiencia”. ¿Experiencia en una guerra abierta, desatada y asesina o más bien experiencia en películas...? ¿Quién es ese experimentado civil? El VRAE debería encargarse al mejor general que tengamos en el Comando Conjunto de las FF.AA., asistido por el mejor general que tengamos en la Policía Nacional. Desde luego, también creo que hay que “repotenciar” nuestra capacidad de combate. Pero no comprando fragatas Lupo, tanques Leopard o aviones F-16, que no pueden usarse en nuestra única guerra. El VRAE requiere helicópteros blindados y artillados, armamento por lo menos tan bueno como el de los narco-terroristas, sistemas de comunicación para pedir refuerzos cuando están asesinando a los policías en sus puestos de avanzada. ¿Le encargarán la guerra a un civil para “un manejo social y político”...? ¿No sirvió la experiencia Cabanillas? ¡Qué disparate!