Opinión

Vándalos

COLUMNA: IVÁN SLOCOVICH

19 de Septiembre del 2018 - 07:30 IVÁN SLOCOVICH PARDO

Es una lástima comprobar que luego de decenas de muertes en los últimos años a causa de la violencia generada por malos hinchas de equipos de fútbol, y después de entusiastas anuncios sobre la promulgación de leyes y la adopción de medidas de seguridad para impedir estos hechos, hasta el momento las balaceras, grescas, atracos, saqueos en las calles y desmanes sigan vigentes, tal como quedó comprobado este fin de semana en los alrededores del estadio de Alianza Lima.

Hace apenas dos semanas, un oficial de la Policía Nacional, el comandante Edwin Jiménez, murió a consecuencia de las lesiones sufridas durante el partido entre Universitario y Alianza Lima jugado el 11 de agosto en el Estadio Nacional. Ahí están las imágenes que muestran con total nitidez a los agresores pertenecientes a la barra crema, pero hasta el momento no se ha anunciado la captura de alguno de estos delincuentes.

Los peruanos hemos sido engañados en los últimos años. Nos hablaron de normas drásticas para castigar a los malos hinchas, de empadronamientos, de no entregar entradas a las barras, de cámaras colocadas “estratégicamente” para identificar a los delincuentes, de vigilancia policial para que los vándalos no anden por las calles agrediendo a la gente y atacando a la propiedad. Pero nada. El domingo hubo ocho heridos en La Victoria.

Los ciudadanos de a pie, los que viven cerca de escenarios deportivos o tienen la desgracia de circular por donde los barristas se están agarrando a balazos o agrediéndose con cuchillos, deberían ser protegidos de toda esta barbarie que no tiene cuándo acabar. Obviamente que el problema no solo es policial. Acá también tienen que trabajar los propios clubes, las municipalidades y el gobierno central, claro, si es que existe la voluntad política de hacer las cosas y de acabar con las mecidas.

Ahora se habla de cerrar el estadio de Matute o de obligar a que los partidos de fútbol se jueguen sin público. Si la solución pasa por eso, bienvenidas sean esas medidas. Deben tomarse acciones efectivas que vayan más allá de todo lo que nos han ofrecido y que de poco o nada ha servido. Por ejemplo, ¿de qué valen las cámaras de seguridad si hasta ahora la Policía no da con el paradero de los agresores de uno de sus oficiales? Basta de cuentos.

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