Opinión

Verónika Mendoza: liderazgo de papel

Columna: Francisco Cohello Puente

08 de Noviembre del 2017 - 07:00 Francisco Cohello

A partir de la agresión física y psicológica sufrida por Parwa Oblitas de manos de Abraham Valencia, la excandidata presidencial Verónika Mendoza salió de su ostracismo para condenar, más de fuerza que de ganas, un hecho que demuestra el doble discurso que ella y sus adláteres profesan. Fue un pronunciamiento tibio, abúlico, desganado, obligado por las circunstancias y las presiones, y que la empujó a dejar el absoluto confort del que goza, alejada del mundanal ruido, cobrando los diezmos de su escindida bancada y exenta de los sucesos políticos e institucionales que remecen el país. Fue una reaparición breve, una instantánea de su política del avestruz. A Mendoza le valen los feminicidios, las violaciones sexuales, las agresiones a los niños, la inseguridad ciudadana; igual el caótico tránsito, la lucha contra la corrupción, el gobierno insípido de PPK, el chasco del censo. Le resbala la lentitud judicial, la economía, el fracaso en la reconstrucción, la salida de Pablo de la Flor. Le interesan tres pepinos la ley electoral, el avance del narcotráfico, la pena de muerte. Ha hecho cálculos y concluido que por ahora afianzarse en los debates, cuestionar la gestión pública y fortalecer liderazgos es inútil, no da votos, la gente se va a olvidar. Aparecerá en los albores del 2021 atravesando trochas, cruzando puentes, saludando con un beso en la mejilla a sus electores, saturando los programas de la TV. Estrenará look, propondrá un discurso rejuvenecido, disfrazará su impronta ideológica. Saldrá con todo por los votos. Por ahora -siente- no hay por qué desgastarse en banalidades.

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