Opinión

Verónika y las agendas

Columna: IVÁN SLOCOVICH

22 de Noviembre del 2017 - 07:30 IVÁN SLOCOVICH PARDO

Sería bueno que, en defensa de su honor y de su eterna postura como guardiana implacable de la moralidad y de la decencia en el Perú, la excandidata presidencial Verónika Mendoza y sus escuderas mediáticas como Marisa Glave e Indira Huilca salgan a responder los cuestionamientos del congresista Marco Arana, quien ha recordado el papel que la primera de las mencionadas tuvo como asistenta personal de la reclusa Nadine Heredia.

Arana ha sacado a flote un asunto del que poco hablan aquellos que se dicen asqueados por la corrupción que viene desde el gobierno de Alberto Fujimori hasta el de Ollanta Humala, pasando por los de Alejandro Toledo y Alan García. Esos “activistas” y lavadores de banderas son los que tratan de olvidar que Mendoza primero negó haber escrito en las célebres agendas de Nadine Heredia; aunque luego admitió que sí, que puede ser su letra la ahí registrada.

Por la mitad de esa escandalosa contradicción, cualquier fujimorista o aprista ya hubiera sido crucificado. Pero como se trata de la señora Mendoza, parece que a ella se la puede pasar por agua tibia. ¿Qué dice el Ministerio Público?, ¿hay prueba grafotécnica? Se supone que la excandidata realizó anotaciones en cuadernos que consignan cuentas bancarias para recibir dinero irregularmente, asunto por el que -en parte- Humala y Heredia están tras las rejas hace varios meses.

En entrevista con Correo, Arana sostuvo que el Ministerio Público debe actuar empleando el mismo rigor con que investiga a otros personajes de nuestra política. Tiene razón, pues acá nadie tiene corona y menos cuando cada día descubrimos que los supuestos inmaculados de la izquierda son los que van acumulando sospechas sobre sí. Ahí están Susana Villarán y Gabriel Prado, además de los y las feministas que resultaron siendo agresores y agresoras de mujeres.

Mientras no se aclare su participación en las anotaciones de las agendas de la ex primera dama -donde se consignan varios millones de dólares y números de cuentas bancarias-, la señora Mendoza y sus defensoras deberían abstenerse de hablar sobre moralidad y de criticar los actos de corrupción de otros personajes a los que ojalá les caiga todo el peso de la ley; pues resulta risible e indignante que quien tiene tanto por esclarecer siga pontificando.

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