Opinión

Vizcarra: Un golpe a la honestidad

COLUMNA: Francisco Cohello Puente

29 de Agosto del 2018 - 07:00 Francisco Cohello

Escribí hace 15 días lo siguiente: “La próxima semana, el presidente Martín Vizcarra cumple cinco meses de gestión y, a estas alturas, habría que empezar a preguntarse si no está apuntando a cometer el mayor yerro político de este primer corto periodo”. Nos referíamos a su insólita manera de encarar las reformas, exhibiendo los colmillos afilados y emplazando absurda e irracionalmente al fujimorismo. ¿Planificó ese desastre? Si ha sido así, fue una jugada política deplorable, una estrategia insensata, la sepultura profesional para cualquier asesor (¿Maximiliano Aguiar?). El desenlace era previsible. De acuerdo con la teoría de la física, la sociología o la geopolítica, ante una acción habrá una reacción, y Keiko no es manca, coja ni boba para prescindir, si lo necesita, de un salvavidas con el cual flotar en el naufragio de las encuestas. Y la verdad es que con la revelación de las reuniones le ha asestado a Vizcarra un golpe furibundo, un estatequieto feroz. El Presidente está magullado y ahora habrá que sostenerlo por la democracia, evitar que caiga por la economía, oxigenarlo por la gobernabilidad, auparlo por el futuro y porque este país, en verdad, no aguanta más. Tendremos que soportar, aunque no se debería, a un mentiroso contumaz en Palacio, a un personaje que desciende de la investidura inmaculada -que parecía que tenía- al nivel de los políticos que pululan en el purgatorio de las sospechas. Su prédica de “El pueblo soy yo” suena a falsedad para alguien a quien se le escurre el talante de probidad, pierde el pudor y traiciona el valor por el que precisamente se prescindió de PPK: la verdad.

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