Opinión

Vizcarra y la violencia

COLUMNA: IVÁN SLOCOVICH

28 de Mayo del 2018 - 07:30 IVÁN SLOCOVICH PARDO

El presidente Martín Vizcarra lleva casi dos meses en el Gobierno, tras la escandalosa renuncia de Pedro Pablo Kuczynski, y hasta el momento no se le ha visto asumiendo, al menos públicamente, un papel decisivo y de liderazgo para hacer frente al principal problema que afecta a los peruanos: la inseguridad ciudadana, que especialmente en el norte del país golpea día a día a través de extorsiones ataques de sicarios.

Desde que inició su mandato, vimos al gobernante en hospitales y colegios, dejando en claro que entre los puntales de su administración estarán la salud y la educación. También se le vio llegando a Piura para hacer anuncios relacionados con la “Reconstrucción con Cambios”, pero en cuanto a seguridad ciudadana hay un vacío. Quizá una visita a una comisaría de Trujillo o Chimbote, para conocer cómo actúan las bandas que tienen en zozobra a la gente, no le haría nada mal.

Si algo bueno puede hacer este gobierno, es enfrentar al delito de manera decisiva y con el liderazgo del propio jefe de Estado. Los mandatarios anteriores dejaron pasar este problema, que afecta directamente a todos los peruanos, sin distinción. El caso de Ollanta Humala fue patético. Llegó al poder agitando las banderas de la lucha contra la delincuencia, casi creyéndose un “sheriff” con pistola en la cintura, y al final todo fue de mal en peor.

El presidente Vizcarra puede marcar la diferencia, pero para eso se necesita un liderazgo que sea capaz de ponerse al frente del Estado, del cual es jefe, para articular el trabajo de jueces, fiscales, policías y alcaldes, a fin de reducir los delitos. Miremos la incidencia de asaltos a bancos. Eso no es broma. Hace poco, un grupo de delincuentes incluso se metió a robar en el Metropolitano a plena luz del día. ¿Qué está esperando Palacio de Gobierno?

Cada día que se dejan de hacer cosas en materia de lucha contra la delincuencia, se pierden más vidas. Así de cruda es la cosa. Es importante la salud, la educación, la reconstrucción y también apuntalar la economía, pero enfrentar a la violencia callejera es vital. Al menos en el norte del país, la ola de violencia lleva casi 15 años afectando a los peruanos. En Lima y en el resto del país, la cosa no es muy diferente. Es urgente asumir el liderazgo de esta lucha.

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