Opinión

Zapatero a sus zapatos, Monseñor

¿Qué le parecería a Monseñor Barreto que alguien que ejerza un alto cargo en el Estado pregunte en voz alta por qué las mujeres no pueden ejercer el sacerdocio en la Iglesia católica?

11 de Agosto del 2018 - 07:24 Eugenio D'Medina Lora

Cierto amigo reflexionaba durante estos días que contaba con maestría y doctorado, pero que no se consideraba capacitado para definir si era mejor la bicameralidad o la reelección de congresistas. Y luego de reparar en que los especialistas tampoco se ponen de acuerdo, se preguntaba si lo sabrían los millones de consultados en el referéndum, muchos con escasísima educación o, simplemente, indiferentes.Me pareció pertinente esta reflexión. Más aun cuando esta semana el cardenal Pedro Barreto, nada menos que vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana, se despachó en críticas a la reelección indefinida y a la inmunidad de los parlamentarios. Es decir, una autoridad de su nivel opinando sobre aspectos técnicos relacionados con el manejo del Estado, organización tan estructurada, jerarquizada y sistematizada como la que él mismo conforma. Nadie niega a sacerdotes y a pastores el derecho de opinar sobre política, en particular cuando sus efectos colisionan con problemáticas que recaen en el ámbito de lo religioso. No obstante, deben hacerlo cuidando que su alto cargo, cuando lo ejercen, sea compatible con el tipo de declaración. ¿Qué le parecería a Monseñor Barreto que alguien que ejerza un alto cargo en el Estado pregunte en voz alta por qué las mujeres no pueden ejercer el sacerdocio en la Iglesia católica?, ¿o por qué los cardenales tienen que serlo de por vida?, ¿o por qué no pueden casarse los sacerdotes?, ¿o por qué las mujeres ocupan jerarquías menores y muchas veces hacen tareas más duras y menos reconocidas? Después de todo, incluso el papa Francisco llegó a comparar a las monjitas de las Nazarenas con terroristas hace no muchos meses.Seguro el Cardenal respondería que estos son temas especializados y que no deberíamos meternos. Pues bien, los asuntos del Estado son tan especializados como los de la Iglesia. No es difícil asimilarlo cuando se entiende -pero de verdad- que el Estado peruano es laico.

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