Carpayo: la playa más contaminada de Sudamérica está en el Callao

Más de 40 toneladas de desechos se encuentran en una pequeña península repleta de desperdicios cuyo origen son las construcciones provenientes de Lima

18 de Diciembre del 2014 - 13:19 » Textos: David Gavidia » Fotos: Christian Salazar

Navegar por las aguas de la playa Carpayo, en el Callao, genera una sensación deprimente: sobre su mar flotan plásticos azules junto a lobos marinos que husmean entre trozos de maderas, botellas y pescadores que se introducen a este océano para atrapar algunos peces que serán vendidos en pequeños mercados. 

Mientras este fétido panorama se exhibe como un cuadro cotidiano para los vecinos de Chucuito, en Lima se acaba de desarrollar la cumbre COP 20, donde se discutieron las medidas para salvar al mundo del calentamiento global y la contaminación del planeta. Sin embargo, Carpayo es el reflejo del mar de las contradicciones que tiene el Perú con respecto al cuidado de la naturaleza: tenemos un océano lleno de indeseables desechos.

Y es que Carpayo es la playa más contaminada de Sudamérica y una de las más sucias del mundo, según la organización Ocean Conservancy y la ONG Vida, del Perú. Las cifras que le dan tan horrible galardón son espeluznantes: en esta pequeña península se levantan unas cien toneladas de residuos sólidos al año.

"En solo 500 metros de playa se recogen más de 40 toneladas de basura marina, cantidad que supera todos los índices de otras localidades del continente", explica Arturo Alfaro, presidente de la ONG Vida.

Lo que Alfaro quiere decir queda en la retina de cualquier visitante: la playa está llena de trozos de madera de las diferentes construcciones clandestinas que se realizan en Lima. Además, la superficie está llena de latas, llantas, fierros y clavos oxidados, e incluso lobos marinos muertos y en estado de putrefacción.

Esta playa -aseguran los vecinos y el experto consultado para este especial fotográfico- fue hace 15 años un balneario. Parece imposible imaginar aquellos tiempos en que -cuentan- los bañistas del Callao llegaban hasta este lugar para veranear. Hoy es impensable ir a tomar el sol sobre este terreno. Lo que se observa ahora son los desechos acumulados durante más de diez años, pese a que, anualmente, se realizan hasta cinco jornadas de limpieza con más de mil voluntarios que intentan darle un mejor rostro.

ALCALDES COMPROMETIDOS. Alfaro exigió a los alcaldes electos comprometerse a combatir la contaminación originada por el arrojo de los residuos de la construcción. Esto no solo ocurre en Carpayo, también en playas de Villa El Salvador, Huanchaco en La Libertad y otras localidades de la costa peruana. Aunque el panorama no llega a los límites de Carpayo, estas tienen altos niveles de contaminación.

"Esto sucede porque falta un mayor control por parte de las municipalidades de las actividades de demolición y transporte de los escombros. Las unidades de serenazgo de las municipalidades deberían de realizar un seguimiento de los volquetes o camiones que ingresan y circulan por sus distritos, y evitar que arrojen su carga en cualquier lado, y menos aún en playas o riberas de los ríos", se queja Alfaro, quien asegura que el litoral del Callao sufre por la volcadura de desperdicios que provienen de Magdalena y San Miguel.

"Hemos encontrado en algunas actividades de limpieza cráneos, bolsas con huesos humanos, granadas y bolsas de marihuana. Probablemente la granada fue el mayor susto que nos llevamos", sentencia quien observa de cerca cómo maltratamos uno de los más bellos componentes de la naturaleza: el mar.

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