Las barras bravas han enlodado el fútbol. Lo han llevado a niveles de alarmante primitivismo con la complicidad desesperante de las dirigencias de los clubes y otros actores.
El asesinato de un joven, integrante de “La tropa” de San Juan de Lurigancho, del club Universitario de Deportes, no hace sino demostrar que estamos pasando por una etapa sumamente grave en esa materia.
Ya es hora que las autoridades , aquellas que tienen que ver en el asunto, se sienten alrededor de una mesa y encuentren, urgentemente, una solución. De lo contrario las muertes seguirán alfombrando las calles alrededor de los estadios.
Ha llegado el momento que dirigentes deportivos, representantes de las municipalidades, autoridades policiales y, sobre todo, representantes de las barras bravas, dialoguen.
Parece absurdo, pero creo que la presencia de los émulos de “Misterio”, el legendario cabecilla de las hordas de la Trinchera Norte, en este grupo de trabajo es vital. No nos engañemos ni nos rasguemos las vestiduras.
Son, en efecto, los cabecillas o caudillos de las barras bravas los únicos que, con su poder de convencimiento y su capacidad de convocatoria en las masas que tan diestramente manejan, podrían poner en el redil a los grupos de desquiciados que han enturbiado el balompié nacional.
Papel fundamental en este caso también debe jugar la Policía Nacional del Perú y sus departamentos de inteligencia, para identificar a tales cabecillas y convencerlos a fin de que se sometan al necesario diálogo que estamos proponiendo.
Creo que es una tarea titánica, pero no imposible. Porque ninguna norma, ningún decreto, ninguna disposición será efectiva si es que los líderes o cabecillas de las “trincheras” o los “comandos” no llegan a convencer a su tropa que deben actuar de tal o cual manera. Hacia ellos debe apuntar el trabajo sostenido de la PNP y los dirigentes de los clubes, si es que, en verdad, ya no queremos ver más muertos en las calles o en las tribunas.
En todo caso, como lo señalé en anterior columna, habría que decretar por un buen tiempo que los partidos de fútbol se jueguen con las tribunas vacías. Es una opción que afectará económicamente a los clubes, pero aquello, por lo menos, es menos grave que los muertos que están por venir si es que no se hace nada al respecto.