NASCA. Construida a principios de 1744 por los jesuitas,el templo de San José en el distrito de El Ingenio corre el serio peligro de desa-parecer, según el revelador informe de la World Monuments Fund (WMF), entidad que alerta sobre los peligros que afectan a diversos monumentos. Un poco menos grandiosa en su edificación está la de San Javier, otra iglesia ubicado en Changuillo que también figura dentro de los 100 monumentos que no tienen otro camino que la desaparición. Tras radicar por más de un siglo, los jesuitas de formación militar fueron expulsados de Nasca, del Perú y de toda sudamérica, por disposición del Rey de España Carlos III, que temía una conspiración contra la colonia. Julio de la Borda fue uno de los últimos propietarios de la hacienda San José, que por los constantes saqueos a la iglesia, decidió donar el Altar Mayor y El Pulpito a la Iglesia del Pilar de San Isidro (Lima) donde se encuentra actualmente. “Antes la carretera pasaba por la puerta de la Iglesia San José y todo aquel curioso entraba y saqueaba to-do lo que encontraba y se decidió donar a una iglesia de San Isidro”, dice Inés de la Borda. La edificación de la iglesia de San José, comenzó el 19 de noviembre de 1740 y se terminó el 19 de marzo de 1744. “Hace 20 años atrás robaron la campana de la iglesia”, recuerda y añade que con la reforma agraria el templo quedó a la merced de los sacrílegos. CEMENTERIO. El terremoto de 1942 dañó sus estructuras y con los años el techo se fue cayendo a pedazos. El Instituto Nacional de Cultura adujo no tener los recursos para reconstruirlo y quedó sepultado en el olvido. En la parte central del templo se ubica una abertura que conecta al turista con una cámara secreta hasta aquel entonces, donde las personas de alcurnia tenían el privilegio de ser sepultados. En el lugar existen 12 criptas que permanecer intactas pese al maltrato del tiempo y restos óseos de los últimos hombres sepultados. Al interior de esta se ubica otro conducto oscuro y misterioso, que lo uniría con la iglesia de San Javier. Es la única explicación de cómo un sacerdote que oficiaba misa en el templo de San José poco después aparecía en San Javier. Nadie se ha atrevido a explorar el oscuro túnel. Para los historiadores los templos de San José y San Javier son los más antiguos de Nasca y Palpa. BELLEZA. Un lienzo que retrataba el “Génesis” de la vida humana, fue robada por los sacrílegos. Lo único que quedó intacta son los bastidores. “Cortaron la tela y se la llevaron. Un similar lienzo es-tá en el Cuzco”, recuerda Inés de la Borda. Todas las imágenes de los santos también fueron hurtados a excepción a de dos efigies de la Inmaculada Concepción bañadas en pan de Oro que se encuentran en el templo San Juan Bautista de El Ingenio, literalmente olvidadas por los pobladores. San José tiene el estilo barroco. Es una verdadera joya arquitectónica colonial en todo el sur del Perú. En su edificación participaron arquitectos del viejo continente y pintores egresados de la Escuela de Cusco. Las dos torres están elaboradas con madera traída desde Nicaragua. Permanecen intactas. Los adornos si están hechas con yeso y caña de Guayaquil. El templo de San Javier fue edificada entre 1745 y concluida probablemente en 1747. La WMF busca ayuda económica para recuperarlos. Su restauración sería una inversión millonaria que nadie se atreve a financiar. ¿Acaso también es el camino de la Iglesia de Luren? Nadie lo sabe. Lo único claro es que hasta la fecha sigue abandonada. HAROLD ALDORADÍN ORTIZ haldoradin@epensa.com.pe