Educación para revalorar la cultura de cada comunidad

Centros de alternancia se expanden en el país. Más de 4300 estudiantes de zonas rurales se benefician con nuevo modelo educativo, en quince regiones del Perú.
Educación para revalorar la cultura de cada comunidad

DEDICADOS Alumnos estudian materias acordes con su realidad.

15 de Mayo del 2016 - 14:15 » Textos: Allison Cadenillas acadenillas@grupoepensa.pe » Fotos: Horacio Díaz

Frilán Curasi tiene 17 años, está en quinto de secundaria y es uno de los 4380 alumnos que a lo largo del territorio nacional estudian en los 68 Centros Rurales de Formación en Alternancia (CRFA). Ahí se aplica un modelo educativo distinto al de otros colegios nacionales.

El joven asiste el colegio Waynakunap Riqcharinan Wasi, en el valle de Quispicanchi, distrito de Urcos, provincia de Muñapata, en Cusco. Esa escuela fue uno de los primeros centros de formación en alternancia que se fundó en Perú en el año 2002. Su nombre traducido al español lo dice, es “La casa del despertar de los jóvenes”.

Nuevo modelo. La experiencia comenzó por la iniciativa de la ONG ProRural. David Bauman, director de esa organización, explica que es un modelo en el que los alumnos acuden al centro educativo dos semanas completas como en un internado.

Luego, en las siguientes dos semanas, vuelven a sus hogares para ayudar en las tareas del hogar y de paso desarrollar sus proyectos de investigación y producción.

“Cada uno de los CRFA tiene su propio plan de formación, adecuado a la realidad de la comunidad”, afirma Bauman.

Es decir, se cumple con la currícula que exige el Estado, pero se organizan los contenidos de manera distinta.

Esos centros de formación están dirigidos a estudiantes que viven a largas distancias de donde se hallan los colegios y les facilita el aprendizaje.

Jehnny Chompy Huanca, directora de Waynakunap Riqcharinan Wasi, informa que los 150 alumnos que acuden al centro viven en comunidades que distan entre treinta minutos y tres horas de caminata de las aulas.

Desarrollo. Uno de los pilares de este modelo es la gran responsabilidad que recae en los padres y autoridades comunales, quienes con su iniciativa ayudan a elaborar el currículum en base a las necesidades de su comunidad.

En ocasiones, los recursos, como comida y equipamiento de dormitorios, también corren a cuenta de ellos, como sucede en el colegio de Frilán, donde hasta el año pasado los estudiantes asistían al local comunal para estudiar y pasar dos semanas de estudio intensivo. Hoy cuentan con una infraestructura moderna, pero aún faltan equipos.

Como explica Fernando Guillén, coordinador de servicios educativos de secundaria rural del Ministerio de Educación, se requiere hacer modificaciones a los lineamientos de equipamiento que tiene el ministerio, ya que servicios como cocina o dormitorios aún no están contemplados por esta entidad.

Emprendimiento. Otro valor que aportan estos colegios es la formación en negocios adecuados a las realidades rurales. Frilán, por ejemplo, desarrolla un proyecto productivo sobre el cultivo de la linaza, actividad que realizan sus padres. Él, como sus 24 compañeros, sustentará su proyecto productivo frente a un auditorio para egresar del colegio.

Según Bauman, existe gran cantidad de egresados que sustentan sus estudios superiores con el dinero que les brindan estos proyectos al ponerse en marcha.

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