El regreso de LU.CU.MA.

Hace 20 años Luis Cueva Manchego dejó la cárcel para convertirse en uno de los artistas más importantes de la cultura popular. ¿qué le hizo cambiar el puñal por los pinceles?
El regreso de LU.CU.MA.

El regreso de LU.CU.MA.

22 de Octubre del 2014 - 15:29 » Textos: David Gavidia

Y finalmente volvió. Aunque sus seguidores dicen que nunca se fue. Luis Cueva Manchego, LU.CU.MA., dejó su exilio en Iquitos y regresó a Lima. Para quienes lo conocen no necesita mayor presentación.

Para quienes no saben de él habría que contarles que se trata de un pintor tropical, un tipo que llevó el barrio y la cárcel a niveles de arte, un hombre que dibujó a 'Cristos' llorando, serpientes devorando ex presidentes corruptos, 'Saritas Colonias', cerros San Cosme, sangre, muerte y dolor durante sus 27 años en prisión. Es un ex reo que se convirtió en ícono de lo popular. Un hombre que cambió la violencia por el arte.

"Volví a Lima hace cinco meses y estoy haciendo murales en restaurantes, bares, donde me digan. Hace poco estuve en el Art Lima y fue fenomenal. Toda la gente de plata, los millonarios se me acercaban y querían su foto con LU.CU.MA. Ya estaba cansado porque estaba trabajando mucho y calato, como me gusta", cuenta ese pintor que -sin quererlo- se convirtió en uno de los referentes del arte tecnicolor, heredado de los carteles chicha, de los amarillos y los rojos intensos, que le permiten decir a quien se le pare enfrente : "Los colores de LU.CU.MA. son los colores de la selva".

MUROS INTENSOS. Esta semana, por ejemplo, trabaja un mural para el CHOLO art & fun de Barranco, el conocido bar de la avenida Bolognesi en el distrito de Eguren. "Acá haré un mural con todos los colores de la selva. Le pondré un lagarto, un paiche, unos delfines saltando sobre un río, también irá un 'chullachaqui' –personaje de leyenda en la selva, considerado un guardián del bosque- envuelto en una serpiente. Ya lo tengo todo en el cerebro", explica mientras dibuja sobre la pared, con el torso desnudo, mostrando los chuzos, los tatuajes, los nombres de viejos amores impregnados con tinta china en el brazo o en el pecho.

Aunque no se encuentra de humor, con el pasar de los minutos se suelta, entra en confianza. No le gustan los periodistas. Dice que solo saben tergiversar o dañar. Por su participación en algunos espacios de televisión su familia lo rechaza, no lo quieren, detestan su pasado lumpen, aunque de ese infierno solo quede un dolor intenso que se traslada al lienzo.

"Tengo 62 años y 50 pintando. Tal vez no tenga los estudios de un muchacho de Bellas Artes pero tengo mi mundo, que enseña más. Con el golpe aprendes muchas cosas, por eso hay bastantes cosas en mi cerebro: Estuve preso 27 años, me han chicoteado duro, me rompieron los pulmones, he sido tísico, tuberculoso crónico, tengo cortes en todo el cerebro, balas en mi cuerpo, me dediqué a la delincuencia. Fui un vulgar asaltante y asesino. Pero he podido rehabilitarme. Cuando estás en el penal nadie te apoya, les importas un nabo, pero a mí me salvó la palabra de Dios, la fe y el arte".

LA VIDA EN EL LIENZO. LU.CU.MA. es un loco, explosivo pero también muy riguroso con su trabajo: pinta de cuatro de la mañana a cuatro de la tarde. Es un artista puntual que respeta sus horarios. "Yo soy 'full' chamba. Desde que llegué a Lima estoy pintado. Voy a estar fuera de Iquitos dos años. Aunque voy a volver cada tres meses porque quiero comprar cascos del Ejército para pintarlos. Ahí quiero poner a los héroes del Perú, a Miguel Grau, a Olaya. Eso es un golazo, les gusta a los gringos y lo compran", asegura.

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