Un periodista tacneño llamado Enrique Hurtado y Arias llegó a Buenos Aires un día de julio de 1909. Allí hizo residencia y trabajó hasta el día de su muerte, el 26 de setiembre de 1926.
Llegó a Buenos Aires cuando tenía 39 años. Había nacido el año 1870 en una lejana tierra peruana llamada Tacna, cuando el vendaval de la guerra entre Chile, Perú y Bolivia aún no la había azotado. No es mucho lo que se conoce de él; solo que fue hijo de don Enrique Hurtado y doña Remigia Arias y que debió estudiar en el Colegio Alemán que dirigía Guillermo von Boeck, por cuyas aulas desfilarían otros poetas como Carlos Ledgard y Eugenio Moevius Chocano. Apenas adolescente fue enviado a estudiar a Santiago de Chile y volvió a Tacna al poco tiempo para iniciarse como periodista en “El Progresista”, revista vocera de la “Bohemia Tacneña” que dirigía Federico Barreto.
Por razones aún desconocidas volvió a residir en Chile, firmemente dedicado al periodismo en ciudades importantes como Valparaíso y Santiago. Es de extrañar que, por breve que hubiese sido su permanencia en Valparaíso, no se sepa de algún contacto con Mario Centore. También incursionó en el teatro y fue autor de una comedia titulada “Pensión con o sin pieza”, estrenada en 1898. La revista tacneña LETRAS destacó la noticia: “En Santiago de Chile ha sido puesta en escena, con extraordinario éxito, una picaresca comedia, 'Pensión con o sin pieza'. ( ... ) Su autor, que fue varias veces llamado al palco escénico, es Enrique Hurtado y Arias, el cáustico redactor de los Agridulces de ”La Nueva República“ y el más talentoso, sin duda, entre los bohemios tacneños”.
Desde 1905 fue adjunto a la Legación del Perú en Chile (1905), función que debió abandonar presurosamente en 1909 al ser acusado por autoridades chilenas de gestiones inapropiadas contra ese país. En estas condiciones llegó a Argentina, se vinculó al prestigioso diario “La Nación” de Buenos Aires, en cuyo suplemento cultural asumió la Jefatura de Redacción en 1920.
Una hermosa edición titulada “Un siglo en sus columnas” del domingo 4 de enero de 1970 celebró el centenario de este diario. Son 282 páginas llenas de información. Hay en él una relación impresionante de redactores y colaboradores del diario. Entre ellos se leen los nombres dos literatos peruanos Clemente Palma y José Santos Chocano, así como de Ricardo Jaimes Freyre, tacneño de nacionalidad boliviana.
En un recuadro titulado Seudónimos de algunos redactores y colaboradores de LA NACIÓN, aparece el hombre de Hurtado y Arias con su seudónimo “MIRROR”. Y además una foto muestra a ocho personas entre las que figura el tacneño al lado de Leopoldo Lugones.
Su vinculación con el mundo periodístico fue bastante sólida, tanto que su nombre es citado entre las figuras del periodismo bonaerense. En un trabajo sobre estos asuntos se lo menciona como concurrente a “La Helvética”, un café periodístico céntrico y ya desaparecido, que era el refugio hogareño de los periodistas del diario LA NACIÓN y otros medios. Nombres con Roberto J. Payró, José Ingenieros o Eduardo Mallea eran contertulios de “La Helvética”.
La Biblioteca Nacional argentina tiene más de 20 fichas sobre los artículos de Enrique Hurtado en LA NACIÓN. Publicó en Buenos Aires dos libros , “Americanismos” (1922) y “Al margen de la historia” (1924), el último de los cuales está en aquella Biblioteca Nacional y reúne 24 artículos publicados precisamente en “La Nación” y que muestran la amplia información y vasta cultura de que disponía Hurtado. Hace poco, con la maravillosa ayuda de los buscadores electrónicos, se ha podido confirmar la existencia de la “Historia del Mundo en la Edad Moderna”, publicada por la Universidad de Cambridge en edición española (1913), cuyo capítulo dedicado a América Central tiene como autor a E.G. Hurtado y Arias. Debe tratarse, casi sin dudas, de nuestro escritor, como que con esas mismas iniciales el “Mercurio Peruano” publicó algunos de sus artículos en 1922. En adición a su labor periodística, Hurtado fue Miembro de la Junta de Historia y Numismática Americana y en sus boletines hay publicaciones suyas.
Casi nada más podemos agregar –hasta ahora– en el intento de reconstruir la trayectoria de un tacneño que, desde lejos, nunca dejó de pensar en su país y mientras le fue posible mantuvo contacto con su tierra, primero con “El Progresista” y luego con “Letras”, cuya desaparición ocurrió cuando Hurtado aún se desempeñaba como periodista en Chile. No sabemos, por ejemplo, si en Argentina alcanzó a formar un hogar o si alguien esperaba su retorno en Tacna.
Murió en Buenos Aires el 26 de setiembre de 1926. En la edición del 24 de octubre de aquel año, “El Comercio” de Lima hizo un recuerdo de su deceso y reprodujo la intervención del escritor y poeta Luis Fernán Cisneros que, como compatriota y compañero de Hurtado en “La Nación”, le dedicó unas palabras frente a su tumba. Entre ellas dijo: “Por impulso de conciencia patriótica y de pasión profesional, me arrogo ante este féretro una representación que no tengo. Pienso que será bien en algún modo que Hurtado Arias, al hundirse por siempre en el misterio, vea en la puerta de su tumba a un periodista de su patria que agita la bandera. [...] No importa que el periodismo de Hurtado Arias hubiera fructificado siempre en el extranjero, desde las cálidas primicias juveniles hasta las últimas líneas temblorosas, trabajadas en su lecho de muerte con varonil serenidad. [...] Los periodistas del Perú sabíamos de su biografía y de sus triunfos; biografía que es la última novela candorosa de los periodistas buenos, con la escasez y la resignación como protagonistas; triunfos que son la síntesis de toda la posible gloria del oficio [...] Y sabíamos, por último, para certeza de que su patriotismo no había de desmedrarse ni con la ausencia de una vida entera sino antes bien purificarse, que Hurtado Arias era tacneño, y ser tacneño es en América ser dos veces peruano.”